La política económica de Javier Milei enfrenta nuevas señales de alarma. Un informe de la Universidad de San Andrés (UdeSA) estima que el Producto Bruto Interno (PBI) cayó un 2,66% durante el tercer trimestre de 2026, un retroceso que, de confirmarse, ubicaría a la Argentina en una recesión técnica. El pronóstico expone las dificultades del Gobierno para convertir el ajuste fiscal y la desaceleración inflacionaria en una recuperación sostenida de la actividad económica.
La proyección fue elaborada por el Centro de Estudios Cuantitativos en Negocios de la universidad mediante un modelo que combina 29 indicadores económicos de alta frecuencia. La estimación, actualizada el 23 de octubre, empeoró por quinta semana consecutiva y quedó muy por debajo de las expectativas del mercado: el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central anticipaba una contracción del 0,95% para el mismo período.
El dato resulta especialmente significativo porque la recuperación económica constituye uno de los principales argumentos del programa de Milei. Sin embargo, mientras el Gobierno destaca el ordenamiento de las cuentas públicas y la desaceleración de los precios, los indicadores de actividad muestran que esos avances no se traducen necesariamente en más producción ni en un crecimiento sostenido.
Dos trimestres de caída y una recuperación que no llega
La estimación de UdeSA se suma al retroceso del 0,59% registrado por la economía durante el segundo trimestre, según la primera publicación del INDEC. Si el pronóstico para julio-septiembre se confirma, el país habrá acumulado dos trimestres consecutivos de contracción, el criterio habitualmente utilizado para identificar una recesión técnica.
Los indicadores mensuales tampoco ofrecen señales contundentes de recuperación. En julio, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) cayó un 2,8% en términos desestacionalizados. En agosto, apenas avanzó un 0,07%, muy lejos del crecimiento cercano al 1% que esperaba el modelo de la universidad.
Ese desempeño obligó a revisar a la baja las perspectivas económicas. Aunque algunos indicadores, como los despachos de cemento, las contribuciones reales a la seguridad social y las importaciones, mostraron resultados mejores de los previstos, las mejoras parciales no alcanzaron para revertir el deterioro general.
El costo de una estabilización sin crecimiento
Las cifras vuelven a poner en discusión uno de los principales desafíos del programa económico: que la estabilización macroeconómica tenga un correlato concreto en la economía real. El equilibrio fiscal y la reducción de la inflación no garantizan, por sí solos, una expansión de la producción ni una mejora de los ingresos de la población.
Para el Gobierno, el riesgo es que la persistencia de la caída económica debilite la promesa de recuperación sobre la que construyó buena parte de su capital político. Con las elecciones presidenciales de 2027 en el horizonte, la falta de crecimiento sostenido suma presión sobre una gestión que necesita mostrar resultados más allá de las variables fiscales y monetarias.
De todos modos, la estimación de UdeSA es una proyección académica y no un dato definitivo. El resultado oficial del tercer trimestre será publicado por el INDEC el 16 de diciembre. Hasta entonces, la magnitud de la caída deberá ser confirmada, aunque la sucesión de indicadores negativos ya plantea un interrogante sobre el rumbo de la economía.