lunes 03 de agosto de 2026 - Edición Nº2798

Universidades Privadas | 3 ago 2026

Universidad Siglo 21

Lo que el cerebro necesita y los argentinos no cumplen: actividad física, sueño y buena alimentación

La actividad física, el sueño y la alimentación están por debajo de los niveles recomendados, aun cuando más de la mitad de los argentinos confían en su capacidad de aprender, concentrarse y adaptarse. Las diferencias se profundizan según el nivel socioeconómico y educativo.


Los hábitos que sostienen el funcionamiento cerebral —actividad física, sueño y alimentación— están lejos de los mínimos recomendados en la población argentina. Así lo reveló una encuesta realizada por el Instituto de Neurociencias y Bienestar de Insight 21, el think tank de la Universidad Siglo 21, que realizó la primera aproximación exploratoria a indicadores vinculados con el capital cerebral de los argentinos.

El concepto de capital cerebral —desarrollado en el campo de la neurociencia, las políticas públicas y la economía del comportamiento— propone tratar las capacidades cerebrales de una población como un activo estratégico: algo en lo que se puede invertir y del que se obtiene retorno en forma de bienestar, productividad e innovación; y se alinea con la creciente prioridad que organismos como la Organización Mundial de la Salud le dan a la salud cerebral como eje de desarrollo. 

Se organiza en tres pilares: las habilidades cerebrales —como la capacidad de aprender, concentrarse y adaptarse—, la salud cerebral —que incluye el bienestar emocional y la salud mental— y los factores impulsores, entre los que se encuentran los hábitos de vida, el nivel educativo y el socioeconómico. 

Este último pilar es el que el informe identifica como el más débil, y también el que expone una de las tensiones centrales del diagnóstico: los argentinos muestran una autopercepción alta de sus propias capacidades, pero los hábitos que deberían sostenerlas y potenciarlas están por debajo de los mínimos recomendados. Esa tensión entre una autopercepción positiva de las propias capacidades y  la dificultad para sostener hábitos que las protejan constituye, a la vez, el principal desafío y la mayor oportunidad del capital cerebral argentino.

Apenas el 24% de los encuestados realiza los 150 minutos semanales de actividad física moderada recomendados por la Organización Mundial de Salud (OMS), mientras que el 47% duerme menos de las 7 horas por noche que el organismo sugiere como mínimo para los adultos, y solo el 29% incorpora frutas y verduras a su dieta de manera diaria, frente a la recomendación de la OMS de una ingesta mínima de 400 gramos diarios como medida preventiva clave contra enfermedades. 

El dato llamativo es que este déficit convive con una autopercepción alta de las propias capacidades: el 70% confía en su capacidad de aprender cosas nuevas, el 65% en poder concentrarse y el 56% en adaptarse a los cambios.

Estos indicadores ubican a los hábitos de vida como el pilar más débil del capital cerebral de los argentinos, aunque también es una de las oportunidades de intervención más concretas. Fátima González Palau, Directora del Instituto de Neurociencias y Bienestar de Insight 21, amplía este punto.

"Los hábitos de vida son, paradójicamente, el componente más débil del capital cerebral argentino y, al mismo tiempo, el más accionable. A diferencia de la salud mental o el acceso a oportunidades, son conductas modificables: pequeñas mejoras sostenidas en actividad física, sueño y alimentación pueden traducirse en ganancias concretas para la cognición, el ánimo y la productividad de las personas", explica González Palau.

Las brechas se profundizan según el nivel socioeconómico y educativo

El relevamiento identifica que algunas de las mayores diferencias descriptivas aparecen según el nivel socioeconómico y educativo. Entre el nivel socioeconómico bajo y el medio-alto, las diferencias son marcadas:

  • Acceso a oportunidades de aprendizaje continuo: 49% (nivel bajo) vs. 70% (nivel medio-alto)
  • Percepción de salud mental buena: 38% vs. 58%
  • Apoyo social pleno: 55% vs. 73%

El nivel educativo replica la tendencia. Entre quienes alcanzaron estudios secundarios y quienes completaron estudios universitarios, las brechas son similares:

  • Actividad física: 17% (secundario o menos) vs. 29% (universitario).
  • Consumo diario de frutas y verduras: 15% vs. 37%
  • Acceso a oportunidades de aprendizaje continuo: 34% vs. 65%.
  • Percepción de salud mental buena: 45% vs. 59%
  • Apoyo social pleno: 61% vs. 74%

El relevamiento muestra que el nivel de ingresos no marca diferencias en materia de hábitos: el déficit de actividad física, sueño y alimentación es transversal a todos los niveles socioeconómicos analizados. El nivel educativo, en cambio, sí muestra una distinción. Quienes tienen estudios universitarios comen mejor y hacen más ejercicio que quienes tienen estudios secundarios. El sueño, por su parte, es insuficiente en todos los grupos por igual, independientemente del nivel educativo.

“Los resultados muestran que las personas con mayor nivel educativo tienden a presentar hábitos de alimentación y actividad física más saludables. Esto refuerza la importancia de la educación como un factor que puede facilitar el acceso a conocimientos, herramientas y habilidades para incorporar y sostener conductas beneficiosas para la salud cerebral”, analiza González Palau.

Por su parte, la confianza en las propias capacidades –aprender, concentrarse y adaptarse a los cambios– se mantiene alta y pareja en todos los niveles socioeconómicos, educativos y etarios, sin que se observen brechas significativas entre grupos.

La salud mental, otro punto de alerta

Más allá de los hábitos, la salud mental percibida también emerge como un punto de atención. Solo el 53% de los encuestados califica su salud mental del último mes como buena, mientras que el 47% restante la describe como regular, mala o muy mala.

Por grupo de edad, el informe detecta una paradoja entre los jóvenes de 18 a 29 años: el 80% percibe contar con apoyo social, el porcentaje más alto entre todas las franjas etarias, pero solo el 49% califica bien su salud mental, muy por debajo del 66% que registra el grupo de 50 a 59 años en ambos indicadores.

Según González Palau, “el apoyo del entorno es necesario, pero no garantiza por sí solo el bienestar emocional de los más jóvenes. Ahí entran en juego otras cuestiones propias de este segmento, como la incertidumbre frente al futuro laboral, la presión por construir una identidad y el acceso real a espacios de contención profesional cuando el malestar aparece".

Este informe de Insight 21 aporta una primera medición exploratoria para comprender el estado del capital cerebral en Argentina, sirviendo como punto de partida para futuras investigaciones y decisiones de política pública orientadas a fortalecer las capacidades y la salud cerebral de la población.

"Argentina tiene un capital cerebral con una base sólida: la gente confía en lo que puede hacer. El desafío entonces es dejar de desperdiciarla para capitalizarla. Hoy tenemos personas seguras de sus capacidades, pero esa confianza no alcanza su máximo potencial si no mejoran las condiciones de salud mental, sueño y alimentación que la sostienen e impulsan", concluye la Directora del Instituto de Neurociencias y Bienestar de Insight 21.

Ver informe completo: El capital cerebral en Argentina: Un estudio exploratorio sobre habilidades cerebrales, salud cerebral y factores impulsores

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