Por: Nahuel Llull
El arsénico representa una de las problemáticas ambientales y sanitarias más silenciosas y peligrosas de la Argentina. Al carecer de olor, color y sabor, este elemento puede permanecer durante décadas en el agua subterránea sin emitir señales inmediatas de alerta en su consumo. A raíz de formaciones geológicas naturales, y no necesariamente por la actividad industrial, millones de personas en diversas provincias —desde Salta y Jujuy hasta La Pampa— consumen agua contaminada, lo cual representa una preocupación de escala nacional.
El arsénico es un elemento químico natural que se encuentra en la corteza terrestre. No llega al agua por la contaminación de las fábricas, sino por un proceso natural. El agua subterránea pasa milenios en contacto con rocas y minerales que contienen arsénico, desgastandose y absorbiéndolo lentamente. El gran peligro es que es completamente invisible, no tiene gusto ni olor, por lo que una persona puede estar tomándolo en su día a día sin notar absolutamente nada extraño en el vaso.
Frente a este escenario que afecta potencialmente a más de cinco millones de habitantes, el ámbito universitario público ha dado un paso muy importante. Un equipo de científicos de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) desarrolló un biosensor portátil y sumamente económico que permite detectar la presencia de arsénico en un lapso de apenas ocho horas. Este dispositivo funciona de una manera muy sencilla ya que utiliza bacterias diseñadas en el laboratorio que cambian a color azul si el agua tiene arsénico, algo que cualquiera puede ver a simple vista. Además, los creadores del proyecto destacan que este sistema es súper confiable, ya que tiene casi la misma precisión (un 99%) que los análisis que se hacen en los grandes laboratorios tradicionales.
Los especialistas tomaron la decisión de liberar públicamente tanto los planos como el manual de armado del kit. De esta manera, esta apertura permite que establecimientos educativos técnicos, cooperativas y laboratorios de menor envergadura fabriquen el dispositivo con materiales elementales, esto permite a las poblaciones establecer sus propios sistemas de alerta temprana frente a la contaminación hídrica. El impacto preventivo en la salud es vital, ya que los daños de este elemento son progresivos. Tal como advierte el reporte de la investigación, el consumo sostenido de este componente es el causante del HACRE, una afección crónica denominada Hidroarsenicismo Crónico Regional Endémico. Esta afección prolongada se manifiesta tras un largo período de ingesta del recurso contaminado, provocando afecciones cutáneas, problemas cardíacos, complicaciones respiratorias y distintos tipos de cáncer.
En paralelo al logro de la UBA, un grupo de investigadoras de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) desarrolló una solución tecnológica complementaria. Diseñaron un dispositivo del tamaño de una memoria USB que emplea la electroquímica y la nanotecnología. Mediante la combinación de nanopartículas de oro con un polímero de quitina, el aparato emite impulsos eléctricos que determinan con exactitud el nivel de contaminación, logrando un rendimiento tan óptimo como el de los complejos equipos de espectrometría tradicionales.
*Nota realizada por nahuel Llull en el marco de las Prácticas Preprofesionales de la Licenciatura en Periodismo de la UNDAV.