martes 21 de abril de 2026 - Edición Nº2694

Universidades Públicas | 21 abr 2026

Por Agustina Rodríguez Saa

A un año de su partida: Francisco y una conversación abierta con las universidades

La rectora de la Universidad Nacional de los Comechingones y Presidenta de la Red Universitaria para el Cuidado de la Casa Común (RUC), realiza esta semblanza por el aniversario de la muerte del Papa.


El Papa argentino decía que no vivimos una crisis social y una crisis ambiental disociadas, sino una única crisis socioambiental. Esa mirada es un desafío para las universidades, sean laicas, públicas, privadas o confesionales.

Escribo estas líneas a un año de la partida del Papa Francisco, con la certeza de que la mejor forma de honrarlo no es solo recordarlo, sino cumplir con el compromiso que asumimos con él.

Para quienes integramos el mundo universitario, esta pérdida tiene una dimensión adicional: no solo despedimos a un líder esencial en nuestra época, sino que también despedimos a un aliado que confió en las universidades para dar respuesta a la mayor crisis de nuestra época. Su partida nos conmueve. Su legado nos moviliza. Y su palabra sigue siendo inspiración y guía para quienes creemos que otra forma de habitar la Tierra no solo es posible, sino urgente.

El legado de Francisco 

La publicación de la encíclica Laudato si’ en junio de 2015 fue un gesto estratégico: fue publicada unos meses antes de la aprobación de la Agenda 2030 de Naciones Unidas y de la Cumbre de Cambio Climático de Naciones Unidas (COP 21) donde se firmó el Acuerdo de París. Su publicación buscó sentar posición y contribuir en los debates. 

La encíclica es un llamado a todos los habitantes de la Tierra a un diálogo urgente sobre el cuidado de la casa común. Como el propio Francisco afirmaba: «Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos»

Laudato si’ tiene un componente científico muy importante, un fuerte contenido social, y un cuestionamiento ético profundo: la degradación ambiental y la degradación humana están íntimamente unidas. Pero, principalmente, es un llamado a la acción. Como él mismo afirmaba: no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Un verdadero planteo ecológico es siempre un planteo social.

Una invitación al diálogo

Laudato si’ tiene una particularidad que solo comparte con otro documento de la doctrina social de la iglesia: traspasar la frontera de los fieles católicos al dirigirla “a cada persona que habita este planeta”. En ella, el Papa Francisco invita a entrar en diálogo con todos acerca de nuestra casa común.

Su propuesta no se limitó a una exhortación ética. Laudato si’ configura un paradigma que articula dimensiones ambientales, económicas, sociales y culturales en una visión sistémica e interdependiente. Su afirmación central —que no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una única y compleja crisis socio-ambiental— nos interpela a ampliar la mirada y a abordar esta crisis de una manera multidimensional e integral. 

El desafío de la fragmentación

El desafío es profundo, puesto que se requiere repensar el actual modelo de desarrollo. Un modelo tecnocrático, individualista, positivista, hiperespecializado, disciplinar, que nos fragmenta. Como señala la propia encíclica: “La especialización propia de la tecnología implica una gran dificultad para mirar el conjunto. La fragmentación de los saberes suele llevar a perder el sentido de la totalidad, de las relaciones que existen entre las cosas, del horizonte amplio”. Y es esa fragmentación la que impide encontrar caminos adecuados para resolver los problemas más complejos del mundo actual.

Laudato si’ resalta el enorme desafío cultural, educativo y espiritual que conlleva este cambio de estilo de vida necesario.

Por eso, Francisco no nos convocó a hacer más de lo mismo. Nos convocó a un cambio de mirada. A romper la lógica del conocimiento encerrado en sí mismo. A promover la interdisciplina y el diálogo de saberes. A entender que todo cambio necesita de motivaciones y de un camino educativo. Y a asumir que la cultura ecológica no puede reducirse a una serie de respuestas urgentes y parciales: debe ser una mirada distinta, un pensamiento, un programa educativo, un estilo de vida. 

Un encuentro histórico

En septiembre de 2023 tuve el honor de viajar al Vaticano junto con más de 200 rectoras y rectores de universidades públicas y privadas de América Latina y el Caribe, para participar en el Encuentro Sinodal «Organizando la Esperanza». Ese encuentro fue una propuesta que la RUC —Red Universitaria para el Cuidado de la Casa Común, que tengo el honor de presidir— trabajó junto a la Pontificia Comisión para América Latina. El Papa nos recibió durante más de dos horas, en una audiencia dedicada al diálogo acerca del rol de las universidades.

Para nosotros fue, además de un privilegio, un compromiso. Su mensaje profundo nos convocó a formar a nuestros jóvenes con aptitudes de liderazgo para afrontar este cambio de época. Nos dijo con claridad: «La misión de la universidad no es solamente aprender cosas. Ustedes tienen que formar a los jóvenes en los tres lenguajes humanos: el de la cabeza, el del corazón y el de las manos. Pensar, sentir y hacer. De tal manera que aprendan a pensar lo que sienten y lo que hacen, a sentir lo que hacen y lo que piensan, y a hacer lo que sienten y lo que piensan. Los tres lenguajes juntos y en armonía».

Asimismo, nos planteó el desafío de desarrollar en nuestras universidades espacios de encuentro y diálogo de saberes; e hizo un fuerte énfasis en que nuestra ciencia no esté desconectada de la realidad de nuestros territorios y de nuestros pueblos. Universidades que se vinculen con las necesidades de cada lugar, que propicien el diálogo con saberes locales, que formen profesionales éticos capaces de leer su tiempo y transformar sus territorios.

Nuestro compromiso

Desde la Universidad Nacional de los Comechingones, en este interior profundo —en la Villa de Merlo, en la provincia de San Luis— tenemos la responsabilidad concreta de pensar las soluciones para las cuestiones socioambientales que plantea la Laudato si’ para esta región, con sus singularidades: la escasez y fragilidad del agua, la presión sobre los ecosistemas serranos, la tensión entre el desarrollo y la preservación. La proximidad y la territorialidad abren la universidad al pueblo, facilitan el diálogo y la interdisciplina. 

No hay transformación socioambiental sin transformación educativa. Nos toca honrar su legado. Nos toca seguir organizando la esperanza. Gracias Papa Francisco.

Más Noticias

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias