lunes 22 de julio de 2024 - Edición Nº2056

CyT | 5 jul 2024

CONICET

Investigadoras lanzan un Observatorio del CONICET apoyado por las Naciones Unidas

Se trata del OBSOMA, una iniciativa de transferencia que permitirá identificar y sistematizar información sobre migrantes en Argentina.


¿Cómo y dónde se localizan las comunidades de migrantes que se establecen en Argentina? Bajo esa pregunta, un equipo interdisciplinario del Instituto de Investigaciones Sociales de América Latina (IICSAL, Flacso-CONICET) que trabaja en temáticas relacionadas con migración lanzó el Observatorio de Organizaciones de Migrantes en Argentina (OBSOMA). Una iniciativa de transferencia, que cuenta con el apoyo de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) de las Naciones Unidas, a través de su programa Migraciudades, y consiste en un entorno virtual en el que se reflejan los flujos de migración internacional y las organizaciones sociales en las que se nuclean los migrantes en los últimos años en Argentina. El objetivo del proyecto es contribuir a la visibilidad de estas organizaciones civiles, así como proveer a los gobiernos subnacionales de un insumo para permita identificar y contactar a los núcleos de migrantes que habitan en el país.

“El proyecto de realizar esta base de datos surgió porque queríamos, desde las Ciencias Sociales, hacer transferencia a la sociedad. Lo pensamos como un laboratorio social para facilitar cómo es el acceso de migrantes a la normativa vigente. En general se trabaja la migración individual, pero el asociativismo es una nueva modalidad de estudio que nosotros proponemos”, advierte Mercedes Botto, investigadora del CONICET, directora del IICSAL y una de las coordinadoras del OBSOMA.

En el Observatorio confluyen una veintena de científicos de Flacso que provienen de disciplinas como Antropología, Educación y Relaciones Internacionales. El primer paso lo dieron en 2022, cuando se les ocurrió analizar a una migración en ciernes: la venezolana. “Era una migración novedosa de la cual no había muchos antecedentes”, explica Botto. “Nos propusimos un trabajo comparado analizando la brecha de implementación de derechos en dos países con culturas migratorias muy distintas: Argentina y Chile. Documentamos acceso al trabajo, a la educación, a la salud”, advierte la científica. “Pusimos el foco en migrantes, y con ese antecedente avanzamos a las organizaciones. En el caso de los venezolanos, quisimos ver el patrón de asociación que tienen respecto de otras migraciones”, dice Botto, que para lograr una comparación promovió revisar la bibliografía disponible de otras comunidades de migrantes en Argentina.

Así descubrieron que la venezolana fue una comunidad privilegiada en lo que respecta a la migración, comparándola con otras: “En Argentina, en 2017, se les dio estatus de miembros del Mercosur sin ser miembros. Se buscó como estrategia geopolítica atraer a los venezolanos y después se mantuvo con otros gobiernos. En términos de reconocimiento de títulos, se les dio un estatus preferencial, porque se les reconoció el título aun sin tener documentación, por una simple razón, que es que se necesitaban médicos, enfermeros, en un momento de pandemia. Y los venezolanos, el 80 por ciento que llegan a Argentina, son profesionales y tienen mucha capacidad de lobby”, explica Botto.

En el devenir de esa investigación, que contó también colaboración de la Federación de Organizaciones Venezolanas (FOCVA) notaron que los venezolanos tenían una alta capacidad de asociación. Entonces convocaron a otros investigadores y becarios del CONICET de todo el país y de Flacso que trabajaban en temas relacionados con la migración –como Ana Penchaszadeh, Julieta Nicolao, Dolores Linares, Verónica Soto Pimentel, Agustina Gradin, Jecsy Montoya- y también a activistas de la colectividad venezolana. Todo bajo la coordinación de la investigadora especialista en temas de políticas de migración social Laura Goldbert. “La idea fue tratar de entender la diferencia del venezolano en términos de acceso, qué se le da y qué quiere él y no otras migraciones. Descubrimos así que al venezolano, por ejemplo, no le interesa un acceso a la salud, prefiere ir a un privado. Sigue mucho el patrón de la clase media argentina”. Con la información recabada, generaron OBSOMA: el portal de datos en el que identificaron a las organizaciones que nuclean a esta colectividad –y la idea es que se sumen otras-, les dieron visibilidad a las actividades que realizan y a sus características principales, como ubicación o vías de contacto. “Ya tenemos mapeado el 75% de las organizaciones venezolanas, que son cincuenta organizaciones. Ahora queremos que también sirva a otras colectividades”, dice Botto. “En Argentina es donde más organizaciones de migrantes hay, así que la idea es compararlos con la migración que proviene del sur, de de países limítrofes”.

Para participar, las colectividades deben responder un cuestionario digital, que está disponible en el portal, cuyo contenido luego se convertirá en información pública y descargable a toda persona interesada en los datos, a través de una planilla Excell. “Esa información en bruto está disponible para cualquier persona o entidad, es decir, es utilizable por investigadores, metodólogos, organizaciones internacionales, otros migrantes, siempre y cuando citen la fuente”, explica Mariela Acevedo, CPA del CONICET en el IICSAL y quien desarrolló el entorno digital del OBSOMA. “El cuestionario lo contesta un representante de la organización, se piden datos de contacto y de ubicación, cuál es su forma organizativa, cómo está conformada, sus principales actividades y sus vínculos institucionales con el Estado en todos sus niveles, internacional, nacional, provincial y local. Qué necesidades tienen para trabajarlas desde la academia. Qué servicio o actividad realizan”, señala.

En el sitio de OBSOMA, que se actualizará semestralmente con datos de colectividades provenientes de países limítrofes y más recientes, como la paraguaya, boliviana, peruana, senegalesa y rusa, además, hay un mapa realizado a través de la plataforma abierta poblaciones.org, desarrollado por el CONICET y el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA). También un apartado con informes y un repositorio académico y de documentos generados por las organizaciones. Como plus, se le ofrece a las colectividades migrantes que participen la posibilidad de alojar la información en un micrositio, dentro de la web del Observatorio, para volcar información visual y audiovisual de sus organizaciones. “Es un servicio más que les damos, que nos garantiza no solo su interés en participar y completar el formulario, sino también su difusión”, explica Acevedo.

“El objetivo final de esta iniciativa es mejorar los vínculos entre las colectividades, que se sepa dónde están ubicadas, qué hacen, un vínculo horizontal entre ellos y también de ellos con los gobiernos subnacionales”, concluye Botto. “Es un instrumento interesante para mejorar las políticas públicas, que sean más participativas, que se trabaje el acceso a los derechos y los distintos actores se articulen y dialoguen, administren recursos, lleguen al territorio y se difundan novedades”.

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