jueves 02 de diciembre de 2021 - Edición Nº1093

Universidades Privadas | 26 oct 2021

Universidad MAZA

La pandemia acentuó la brecha motriz en las clases de Educación Física

El retorno a la presencialidad muestra como el aislamiento y el distanciamiento potenciaron las diferencias preexistentes en las capacidades de los estudiantes. Un gran desafío para los docentes.


En los distintos aspectos de la vida humana se están viendo las consecuencias de la pandemia y se efectúan proyecciones de cómo seguirán las cosas. Uno de los sectores de mayor interés fue el educativo, que ahora goza de bastante normalidad en sus clases y actividades. Una de las materias más difíciles de adaptar a la virtualidad fue sin dudas la Educación Física, que se enfrenta actualmente a un panorama desafiante en la búsqueda de revertir las secuelas negativas de este periodo.
Si antes de que se declara la pandemia, en los patios y canchas de las escuelas podía observarse una importante diferencia en el desarrollo de los niños, puede inferirse que la situación se ha agravado. 

La Prof. Jimena Carra, de la Universidad Maza, explica que aquellos niños que siempre realizaron actividades físicas o deportivas extraescolares y que mantuvieron cierto ritmo durante el aislamiento sostuvieron su nivel, mientras que aquellos que no tenían el hábito difícilmente lo adquirieron en el encierro y ahora evidencian un retroceso en las capacidades cognitivas, motrices y coordinativas. “Se nota el excesivo sedentarismo, algunos volvieron con un sobrepeso importante”, afirma la docente.

Esta diferencia exacerbada preocupa a los profesionales: hay adolescentes de nivel secundario que aún no dominan las capacidades coordinativas, cuya desarrollo intensivo se sitúa entre los 6 y 11 años, según los autores.

De un extremo a otro

En menor medida algunos estudiantes que corrían muy rápido, tenían buena resistencia y se desenvolvían muy bien en lo técnico-táctico evidenciaron retrocesos notorios.

En lo emocional, en líneas generales, también hubo cambios muy marcados, sobre todo en los adolescentes. Alumnos extrovertidos que eran la chispa del grupo ya no resaltan en sus expresiones y manifestaciones mientras que otros que eran más tranquilos se volvieron más rebeldes y tratan de imponerse constantemente.

Estas situaciones evidencian la influencia del entorno familiar y la contención de las personas con las que más tiempo se pasó durante el confinamiento.

Un desafío para los educadores

Tras las dificultades atravesadas en la pandemia y la gran complejidad de adaptar lo que era el encuentro en el patio con los distintos materiales de trabajo a la realidad doméstica, se presentan nuevos escollos a superar.
Carra explicó que “se ha apuntado a trabajar de a poco, con gradualidad, nivelando primero para luego empezar a ascender en la intensidad y dificultad de los trabajos”. 

Definitivamente, que las clases de Educación Física hayan vuelto a ser lo que eran es una gran noticia para la sociedad en general. Y como indican los referentes, si hubiera más sesiones sería aún mejor.

La educación física y el deporte escolar promueven toda una serie de beneficios educativos y sociales que contribuyen, no solo a luchar contra la pandemia, reforzando el estado de salud de los jóvenes, su sistema inmunológico, su condición física general, etc., sino que mejoran su estado anímico, la función cognitiva, facilitan los aprendizajes de habilidades, destrezas y valores sociales, ofreciendo alternativas sanas al ocio, facilitado la socialización y un gran número de otros beneficios que no deberían volver a perderse.
 

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