lunes 26 de julio de 2021 - Edición Nº964

CyT | 30 jun 2021

CONICET

“Esta pandemia nos afectó a todos, pero sobre todo a los sectores más desprotegidos”

Lo afirmó el investigador del CONICET, Francisco Barrantes. En 2020, al igual que muchos otros científicos y científicas, redireccionó sus investigaciones para dedicarse a estudiar el nuevo coronavirus.


Francisco Barrantes es investigador superior del CONICET en el Instituto de Investigaciones Biomédicas (BIOMED, CONICET-UCA), y aunque desde sus épocas como becario no trabajaba en el estudio de virus, la pandemia de COVID-19, junto con las restricciones destinadas a contrarrestarla, lo llevaron en 2020 a enfocarse en el estudio del SARS-CoV-2. Desde entonces, ha publicado varios artículos sobre el tema en distintas revistas especializadas.

En uno de sus últimos trabajos, aparecido en Annual Review of Biophysics, Barrantes destaca las contribuciones de la biofísica y la biología estructural al conocimiento del agente patógeno que causa la COVID-19, al tiempo que subraya la importancia que tuvieron los saberes previos en materia de virus para que estos descubrimientos pudieran darse con gran celeridad.

Para el investigador del CONICET, uno de los roles principales que deben cumplir los científicos en situaciones como la actual pandemia es filtrar las numerosas noticias falsas y trasmitir al público general, y a los tomadores de decisiones en particular, información basada en evidencia científica y debidamente verificada.

¿Qué estudian la Biofísica y la Biología Molecular Estructural?

La respuesta breve es que la biología molecular estructural estudia la estructura y dinámica de moléculas que componen los organismos biológicos. Inicialmente la disciplina se asimilaba con el estudio de la estructura de proteínas y ácidos nucleicos mediante metodologías biofísicas como la cristalografía de rayos X. La visión contemporánea abarca, mucho más ambiciosamente, otros objetos de estudio, como virus y hasta organelas subcelulares y nuevas tecnologías. Además, el énfasis actual está focalizado en las correlaciones bidireccionales entre estructura y función de moléculas: ¿cuál es el sentido de una determinada forma molecular?, ¿cómo se han generado y han evolucionado las estructuras para satisfacer determinada función?, o ¿cómo se altera ese diálogo en las enfermedades? Por otro lado, en los últimos años la crio-microscopía electrónica, que no requiere cristales para resolver la estructura tridimensional de una molécula, ha revolucionado el estudio de la estructura de los virus. De eso hablo en un trabajo que acaba de publicarse en el volumen del 50° aniversario del Annual Review of Biophysics.

¿En qué sentido considera que los aportes de estas dos disciplinas han sido importantes para los actuales avances en el conocimiento del SARS-CoV-2?

La pandemia COVID-19 nos tomó por sorpresa, y aún en los países industrializados, los sistemas sanitarios estaban muy mal preparados para enfrentarla. Sin embargo, en sólo semanas desde que la Organización Mundial de la Salud declarara el estado de pandemia, varios laboratorios en distintos lugares del mundo se enfocaron o redireccionaron sus actividades de investigación para estudiar el nuevo virus, el SARS-CoV-2. ¿Y cuáles fueron las disciplinas que sentaron las bases estructurales para el desarrollo de vacunas y anticuerpos contra el virus? La biofísica y la biología molecular estructural. En el primer trimestre del 2020 este esfuerzo empezó a dar sus frutos, y ensayos preclínicos se iniciaron en abril de ese año gracias al descubrimiento de varios sitios en el virus SARS-CoV-2 que podían constituir talones de Aquiles donde atacarlo.

¿Hubiera sido posible avanzar tan rápido en el conocimiento del SARS-CoV-2 y de sus estrategias para infectar, si no se hubiera tenido ya conocimiento de otros virus similares?

La expresi n metafórica derivada de la mitología griega “estar sentado sobre los hombros de gigantes” atribuida al gramático Prisciano del siglo V según Umberto Eco, o a Bernardo de Chartres (siglo XII), es hoy entendida como la capacidad de descubrir sobre la base de conocimientos previos. Nada más cierto en el caso de estos vertiginosos descubrimientos sobre el virus agente causal del COVID-19, que se apoyaron sobre las decenas de estudios sobre otros virus realizados en los últimos 20-30 años.

¿Considera que la actual pandemia de COVID-19 anticipa nuevas pandemias en el futuro?

La pandemia tomó por sorpresa a la población en general, pero varios científicos habían anticipado que en cualquier momento se podía producir una epidemia, eventualmente con características de pandemia.  Aunque nadie predijo su magnitud. Y las condiciones para incubar nuevas epidemias están dadas en varios escenarios. No hace falta un mercado de animales exóticos para que esto vuelva a suceder. Las industrias avícola y porcina, por ejemplo, aún utilizan en muchas partes del mundo condiciones de crecimiento con estándares que son inaceptables tanto desde el punto de vista de la sanidad animal como de la ética. El hacinamiento, junto con el uso irracional de antibióticos y hormonas, generan condiciones ideales para la emergencia de nuevas especies virales zoonóticas, es decir con capacidad para saltar a la especie humana, como ya ha sucedido en el pasado.

¿Se puede hacer algo para evitarlo o, al menos, para estar más preparados cuando ocurra? 

Sí. Hay varias estrategias, no mutuamente excluyentes. Una es investigar el tema en profundidad. Yo no trabajaba sobre virus desde mi época de estudiante, pero cuando se sumó el aislamiento domiciliario me pareció apasionante estudiar un problema de tanta gravedad como la COVID-19, con la singularidad adicional que está desarrollándose mientras uno escribe. Como científicos, nuestra obligación es transmitir evidencia científica seria, verificada, filtrando la abundante información falaz al público en general y a los dirigentes políticos y a aquellos involucrados en la toma de decisiones. Sería importante que además de medidas de emergencia coyunturales, como las que se adoptaron en etapas tempranas de la pandemia (cuarentenas y otras medidas sanitarias), se elaborasen planes de largo alcance, se robustezca la capacidad de producción local de vacunas y medicamentos, se coordinase la acción conjunta de los ministerios involucrados en el tema y se invirtiese una alícuota fija de los presupuestos de los estados para I&D en forma previsible y sostenida. No es ninguna novedad: ya lo decía César Milstein, a quien celebramos este año, cuando dejó nuestro país.

¿Qué lecciones cree que deja esta pandemia desde el punto de vista de la investigación científica?

Una lección que hemos aprendido es que si bien se contemplaba a la COVID-19 como una enfermedad pulmonar aguda y grave, como lo indica el nombre del virus, hoy sabemos que se trata de un síndrome multisistémico, que puede afectar cualquier órgano, sin exceptuar el sistema nervioso central. El desastre universal que significó -y aun significa en muchas partes del globo- esta pandemia expone flagrantemente la frase de Bernardo Houssay, en su visión que la ciencia no es un gasto, sino una inversión. Aquellos países que no invierten en ciencia están condenados a ser subdesarrollados. Esta pandemia nos afectó a todos, pero sobre todo a los sectores más desprotegidos. Y por ello, el urgente mensaje que deja esta pandemia a nivel global es que la acción debe comenzar prioritariamente por reparar la deuda que la sociedad tiene con ellos.

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