Contrario a la mirada de la mafia como algo del pasado, estas organizaciones conservan una vigencia digna de preocupación. Más aún, con el paso de los años, aumentaron su presencia en los diferentes territorios y diversificaron las actividades ilícitas que realizan. De esta manera, las mafias en el siglo XXI no solo hacen negocios, sino que operan en el ámbito político, económico, social y hasta cultural. Incluso, el poder que tienen trasciende fronteras y pasa por arriba de los propios Estados. Sin embargo, hasta hace una década, su estudio era casi inexistente en Argentina. En este sentido, uno de los pioneros en analizar el fenómeno es Rocco Carbone, investigador de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) y del Conicet, quien impulsa el simposio internacional Mafia y Antimafia en América Latina, que se llevará a cabo en la UNQ el 21 y 22 de abril.
“Aunque en Occidente vinculamos a la mafia con una expresión criminal típica de Italia, estas organizaciones existen en todo el mundo. En la actualidad, las mafias son actores muy poderosos que operan en ámbitos políticos, culturales, económicos y sociales. Además, el poder mafioso muchas veces funciona en la oscuridad. Por eso, si bien es relativamente sencillo identificar cómo trabajan entre lo legal y lo ilegal, es difícil saber quiénes son, darles un nombre y otorgarles una identidad específica”, detalla Carbone, en diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes.
En América Latina, las mafias no se limitan al narcotráfico, sino que también incluyen a la minería ilegal, la trata de personas, el tráfico de armas, el contrabando, el lavado de activos, el control de las economías populares y la privatización de los territorios. En este aspecto, el poder que tienen les permite combinar la violencia con la economía legal e ilegal. De esta manera, logran controlar territorios, capturar instituciones y realizar producciones culturales. En algunos casos, el peso que tienen les permite disputar la soberanía a los propios Estados nacionales.
“Las mafias identifican los países que no tienen leyes específicas y se introducen ahí porque saben que sus acciones no pueden ser perseguidas. Por ejemplo, si el poder mafioso reconoce un negocio donde no hay normativas, se mete para explotar los recursos naturales en un tiempo muy breve, extraerlos del territorio y llevarse los capitales”, destaca el investigador de la Universidad Nacional de Quilmes.
Frente a la mirada fatalista, también es posible hacer frente a las mafias. En el caso de Italia y de Estados Unidos, existe un movimiento jurídico con jueces y fiscales que llevan adelante una lucha ética antimafia. A pesar de que en Argentina no hay una agrupación de este tipo, Carbone advierte que se podría fundar un movimiento “que reconozca al poder mafioso y que resista sus operaciones en los diferentes territorios”.
El 21 y 22 de abril se realizará en la Universidad Nacional de Quilmes el simposio internacional Mafia y Antimafia en América Latina. Algunos de los ejes girarán en torno a las estructuras mafiosas, la transformación del poder mafioso, la globalización del crimen organizado, la cultura mafiosa y las estrategias antimafia. “Como laburantes de la ciencia y la academia no solo nos interesa entender cómo funciona el poder mafioso para describirlo y entenderlo, sino que además tratamos de organizar herramientas para promover un debate político y social que permita contener a estas organizaciones”, explica Carbone.
Además de la UNQ, participan de la organización del simposio el Centro de Estudios y Educación Popular Germinal, la Revista Novapolis, la Red Interuniversitaria por la paz, la Universidad de San Buenaventura Medellín, la Universidad Autónoma Latinoamericana, el Politécnico Jaime Isaza Cadavid, el Instituto Tecnológico Metropolitano y el Grupo de Investigación y Editorial Kavilando.