domingo 03 de julio de 2022 - Edición Nº1306

Entrevistas | 21 jun 2022

CIUP2022

Hugo Juri: “La integración entre universidades Latinoamericanas está en marcha”

Lo afirmó el rector de la Universidad Nacional de Córdoba, quien consideró que "se trata de la agenda más urgente de la Educación Superior en América Latina y uno de los temas centrales del CIUP2022".


De cara al Congreso Internacional de Universidades Públicas (CIUP2022) que se llevará a cabo en Córdoba el 30 de junio y 1° de julio próximos, el rector de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), Hugo Juri, indicó que esa reunión convocante de rectores y autoridades educativas de todo el mundo sigue muy de cerca la Agenda 2030 de ONU (Organización de Naciones Unidas), pero enfatizó que en el caso de Latinoamérica hay un desafío mayor, de carácter regional: integrar a las universidades para que puedan trabajar de manera conjunta y cooperativa, tanto en la faz educativa, como en proyectos de investigación. 

Según Juri, esa es la gran materia pendiente de América Latina, para ponerse a la par de lo que ocurre en la educación superior de Europa y de Estados Unidos, pero se mostró optimista de avanzar fuerte en ese sentido.

- ¿Cuál es hoy la agenda de la educación superior, luego del CRES2018 que tuvo lugar en Córdoba en el centésimo aniversario de la Reforma Universitaria?

Apenas cuatro años después de la Reforma Universitaria de 1918, Gabriel del Mazo, uno de los grandes reformistas y además escritor de la Reforma, dijo que ya entonces había muchas otras cosas que reformar. El cambio es permanente. Ahora hemos pasado cuatro años ya desde la CRES2018, que fue una Conferencia Regional importantísima, por la legitimidad que tuvo (la más convocante de las tres que hubo), y en la que fijamos criterios ideológicos y prácticos también, transformadores de las universidades. 

En la primera cumbre (La Habana 1996) estábamos en medio del Consenso de Washington, cuando el Banco Mundial consideraba a la educación superior como un bien privado, personal, y que por lo tanto era algo que lo debía financiar la propia persona. Fue un criterio malísimo, porque los países africanos, por ejemplo, se quedaron sin estructuras de liderazgos en el Estado y en los sectores productivos, porque no formaron gente. 

La Unesco, en cambio, a través de autoridades como Federico Mayor Zaragoza y Marco Antonio Díaz, apoyó la postura más Latinoamericana, de que la educación superior era un bien social, al que se accedía por mérito.

Luego, en 2008, el Banco Mundial modificó un poco su posición. Admitía lo de bien social pero también pedía dar impulso a la educación privada. Igual, había una gran discusión mundial respecto de que la educación era un bien transable y hasta la OMC (Organización Mundial de Comercio) tiene disposiciones respecto de que los gobiernos no deben subsidiar los productos nacionales en un contexto internacional, si no, se los multa. Bajo ese concepto, no se podía “subsidiar” la educación. 

En el caso específico de América Latina, y fuera de las conferencias globales sobre educación superior, seguimos teniendo en agenda interferencias a nuestra autonomía universitaria, por ejemplo a través de gobiernos autoritarios como el que podemos ver ahora en Brasil, o también a través de las redes sociales y su presión en cuanto a la formación de la opinión mayoritaria. Se hace muy difícil batallar contra eso.

- ¿A qué tipo de presión se refiere, concretamente?

- Me refiero a las pocas personas que hoy son dueños de las redes sociales. Lo acabamos de ver con Elon Musk, que compró Twitter y que va a cambiar lo que él considera que debe ser la libertad de expresión.

Recuerdo también que a fines de los ‘90, Google estaba contratando los mejores lingüistas en español, para convertirse en algo así como la Universidad del mundo. No tienen nada de malo esas iniciativas, pero sucede que son un monopolio, de una sola persona. La opinión personal se multiplica de manera extraordinaria con neurociencia, con Big Data. Así, el poder de convocatoria y de credibilidad que tienen las universidades públicas latinoamericanas se puede ver amenazado en la toma de decisiones, por una poderosa manera de comunicar de las redes. Ya en 2018, el ministro de Educación de Francia, Michel Blanquer, advirtió aquí en Córdoba que la autonomía universitaria se ve amenazada más que por gobiernos autoritarios, por las nuevas tecnologías de la información y especialmente por sus dueños.

En un mundo cambiante, la agenda 2030 de la ONU (Organización de las Naciones Unidas) concitó consenso general como ningún otro debate. Probablemente después de la Declaración Universal de Derechos Humanos sea el que más participación de gente registró. Esa es la agenda global, de la cual nosotros participamos, pero también hay una agenda regional, latinoamericana, que es la integración real. No quedarnos solo en la integración emocional.

Tenemos que lograr en Latinoamérica la integración entre universidades que hay en Europa, para responder mejor a nuestras sociedades. 

- ¿Está muy rezagada Latinoamérica en esa materia?

- Absolutamente. En Europa tienen esto en funcionamiento desde hace más de 20 años y en Estados Unidos desde 1880. Europa puso en marcha un programa llamado Erasmus, de movilidad de los estudiantes, que facilitó la integración educativa. En América Latina seguimos hablando de esto mismo, pero no lo hacemos.

-  ¿Falta decisión política?

- No es una cuestión de decisión política. Hay toda una estructura muy cristalizada en nuestras universidades, que en algún momento fue necesaria para resistir el totalitarismo y defender la autonomía, pero que luego se tornó en una herramienta que sirve a la tendencia natural del ser humano de ser conservador, de resistir el cambio. 

Aprendimos y consolidamos ese modelo…. pero resulta que el mundo cambió. He escuchado a colegas preocupados por el hecho de que mucha gente dejaba de estudiar para ir a trabajar y que supuestamente así la Universidad iba a perder su función de dar títulos. La función de las universidades no es dar títulos, es dar conocimiento. Y si esos conocimientos ya le permiten a alguien conseguir trabajo, en un mundo donde cada vez hay menos posibilidades laborales, uno se tiene que dar por satisfecho.

El mundo actual obliga a tener reconversiones de conocimientos todos los años, y a eso se lo puede hacer acá, en Brasil o en otro país.  Reconocer la integración entre universidades no va, para nada, en desmedro de la autonomía. Nos tenemos que integrar de una vez.

- Esa agenda regional que usted advierte, ¿no deja a Latinoamérica desenfocada respecto a lo que todo el resto del mundo debatió en la reciente reunión de Unesco? 

-Son cosas diferentes. Los debates de Unesco pueden ser un disparador, la agenda 2030 es también nuestra agenda. No es solo una agenda ambiental. Es igualdad de género, es asociatividad, no dejar a nadie atrás en sus derechos. Es también la agenda de la Universidad pública latinoamericana. El tema es que el mundo hace rato dejó de ser localista, para ser global. Nosotros tenemos herramientas para darles el mismo conocimiento a los brasileros y ellos a nosotros, pero no lo hacemos.

Insisto, todo el espacio europeo de universidades se reconocen mutuamente créditos educativos y por el sistema Erasmus, que ya mencioné, la movilidad de los estudiantes. Están transformando Europa en un solo país.

Las universidades públicas tenemos que hacer eso acá: impulsar la investigación conjunta para obtener mejores resultados. Un país puede tener más petróleo que el Golfo Pérsico, pero si no dispone de los recursos humanos preparados, no lo puede aprovechar. Y ni siquiera la mejor de las universidades tiene todos los recursos que hacen falta. Solo lo podemos hacer si nos juntamos y reunimos a los mejores para hacer investigación de alto impacto para todo el continente en materia de producción, ambiente, salud.

Como Universidades públicas nos debemos a nuestra sociedad y nuestra sociedad es América Latina. Tenemos que utilizar de la mejor manera los recursos disponibles. 

Lo llevemos al plano local y de la integración. ¿Por qué un estudiante cordobés de agronomía no podría estudiar siembra en una facultad agropecuaria de Jujuy? ¿O alguien de Río Tercero hace ingeniería forestal en Misiones? ¡Estamos hablando de universidades nacionales, pero no estamos compartiendo nuestros recursos!

Increíblemente, sí lo estamos compartiendo con un politécnico de Torino, Italia, pero no entre pares de un mismo país o región.

- ¿Qué expectativas tiene usted tiene puestas en el CIUP2022 para resolver estas cuestiones?

La mirada es: compartimos la visión ideológica de la Reforma de 1918 y lo vamos a seguir haciendo. Ahora…. ¿cómo cumplimos mejor esa visión en el siglo XXI y después de una pandemia que cambió todo? ¿Por qué nuestra sociedad no va a tener los mismos beneficios que tienen los europeos por la unión y la integración de sus universidades? Tenemos todo para hacerlo y hay que empezar. 

- ¿Confía en que el CIUP2022 sea un paso adelante en esto?

 Debe ser “el” paso adelante. Hasta ahora avanzamos en la consolidación de un concepto de Universidad. Bárbaro, pero ahora nos tenemos que integrar. Por ejemplo, hoy no tenemos ningún acuerdo con la Universidad de Uruguay para dictar una carrera en conjunto, pero sí lo tenemos, con doble titulación, con Francia o con Italia. Eso no puede seguir así.

La agenda 2030 de ONU es una muy buena agenda y nos permite compartir hacia dónde va el mundo. Pero el cambio en Latinoamérica lo tenemos que producir nosotros. Europa no va a discutir esto de la integración que nos desvela a nosotros, porque para ellos ya es un tema resuelto. 

¿Hay voces disidentes en Latinoamérica sobre esta idea y necesidad de integración que usted pregona, o la mora en resolverlo tiene que ver con cuestiones operativas?

-  No tiene que ver con la puesta en práctica, porque hay centenares de experiencias sobre cómo hay que avanzar, y en teoría tampoco debería haber voces disidentes. Hay que gente que individualmente quiere seguir como estamos. Esa sería la salida más fácil…. pero sin registrar que mientras tanto cambió el mundo. Hay quienes piensan que la integración va contra la autonomía, pero es que la autonomía nunca estuvo pensada para beneficio del claustro docente, sino para la sociedad.

El eje es que se viene la educación para toda la vida. Todos vamos a necesitar reconvertir conocimientos y somos las universidades quienes tenemos que cumplir ese objetivo, que es mucho más amplio que el objetivo tradicional de hacer una feria para que los estudiantes vengan a ver qué carreras hay.

¿Hay margen para el optimismo?

Yo soy optimista. La integración real se refiere por ejemplo al reconocimiento de créditos académicos entre todos y también a la utilización de la virtualidad. En la UNC hemos firmado recientemente un convenio con todas las facultades agropecuarias del Mercosur ampliado, para que se reconozcan mutuamente las materias y los créditos académicos, y así darles una mayor oferta de conocimientos a los estudiantes 

 Fue un gran primer paso. La integración está en marcha. Con esto que iniciamos en agronomía marcamos un camino y rompimos la inercia. Ahora hay que trasladar ese modelo a las demás facultades y países de Latinoamérica. También queremos diseñar dos o tres proyectos de investigación grandes para toda la región, con apoyo de los gobiernos.

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