jueves 23 de septiembre de 2021 - Edición Nº1023

Opinión | 9 sep 2021

Universidad Siglo 21

Neuroplasticidad y Mindfulness: claves para el bienestar del futuro

Escribe para Universidades HOY la Licenciada en Psicología y Doctora en Neuropsicología, Fátima González Palau quien se desempeña también como investigadora de Universidad Siglo 21.


Imaginemos un instante dónde está focalizada nuestra mente en el momento presente. Es un instante de tranquilidad, no estamos invadidos por ansiedades sobre el futuro ni tampoco por ideas sobre lo que tenemos que hacer o por recuerdos de algo que ha sucedido. Es un instante donde permanecemos, aunque solo fuera por minutos, centrados en la simple sensación de estar vivos. ¿Qué es lo que, en tal caso, ocurriría? ¿tenemos las herramientas para lograr estos instantes? ¿cómo impactarían estas herramientas en nuestro bienestar y en nuestra vida laboral y familiar? ¿Podemos permanecer atentos y conscientes de lo que sucede? ¿Podemos hacerlo ahora mismo? 

Entendemos al bienestar como un derecho. Para definir bienestar consideramos las variables delineadas por el modelo PERMA (siglas en inglés), creado a partir de investigaciones científicas basadas en la Psicología Positiva: 

Presencia de emociones Positivas (Positive Emotions) 

Sentirse energizado/a por el trabajo cotidiano (Engagement) 

Relaciones humanas saludables (Relationships) 

Significado y propósito en la vida (Meaning)  

Sensación de logro (Accomplishment). 

Hoy se ha dejado atrás el modelo de organizaciones humanas donde la producción iba en desmedro del bienestar. Actualmente, las grandes compañías entienden la importancia de la calidad del tiempo trabajado (en contra de la cantidad). Comprenden que un trabajador con bienestar psicológico, emocional y físico, sin lugar a duda, realiza mejores aportes en contextos laborales de alta exigencia. 

Hasta hace relativamente poco, una parte de la ciencia nos enseñaba que nacíamos con una estructura cerebral y que ésta no se modificaba. Hoy se sabe que el cerebro es un órgano dinámico y plástico, que se adapta constantemente a su entorno. Por ejemplo, se producen modificaciones cerebrales con el contacto directo con un ambiente estimulante y un grupo social interactivo, y sabemos que muchos de nuestros hábitos moldean nuestra arquitectura cerebral. Ya decía Ramón y Cajal que todo ser humano puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro. 

Sabiendo esto, es que se impulsaron en los últimos años, numerosos estudios basados en neurociencias que intentaron determinar qué hábitos son los que promueven el bienestar personal y organizacional, y cuáles van en contra de conceptos como la felicidad. Es en este contexto donde nacen investigaciones que aportan evidencia científica y técnicas como el Mindfulness –atención plena- que nos traen de vuelta al aquí y al ahora, enseñándonos a conectar con nuestras partes más resilientes. 

Pero, ¿qué sucede en nuestro cerebro cuando incorporamos hábitos de bienestar? 

Tras años de intentar responder a ello, la evidencia reafirmó lo que ya conocíamos: que nuestro cerebro es plástico, que generamos cambios en la estructura cerebral a partir de la experiencia. Lo que al principio es un estado de la mente aislado temporalmente (por ejemplo, un instante de tranquilidad producido por una meditación), puede ampliarse y convertirse en un rasgo duradero de la persona. ¿Cómo? Con el entrenamiento en la generación de un hábito. ¿Por qué? Porque con la repetición de un estado mental (que nos brinda un momento de bienestar), estamos incrementando la probabilidad de que estados similares se produzcan con mayor frecuencia, y que se extiendan a diferentes ámbitos de nuestra vida.  

Volviendo a nuestra pregunta inicial, hoy sabemos que, si tenemos plasticidad cerebral, entonces tenemos la posibilidad de ser escultores de nuestro cerebro y, en consecuencia, de nuestro bienestar. Somos capaces de aprender a experimentar emociones agradables, a desarrollar niveles altos de motivación laboral, a cuidar las relaciones afectivas, a cultivar un sentido de vida y focalizarnos en los logros, construyendo de esta manera un bienestar colectivo más sustentable. 

En un futuro vertiginoso que aparece teñido de incertidumbre, velocidad y ubicuidad tecnológica, es vital continuar adoptando cada vez más herramientas para cuidarnos, incorporando hábitos que nutran nuestro bienestar, independientemente del contexto social que estemos atravesando.

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