jueves 23 de septiembre de 2021 - Edición Nº1023

CyT | 1 sep 2021

UNRN- CONICET

Identifican una patología similar a la tuberculosis en un Plesiosaurio Cretácico de 67 millones de años

Se trata de un trabajo científico de la Dra. Marianella Talevi, investigadora del Instituto de Paleobiología y Geología del CONICET y Universidad Nacional de Rio Negro que fue publicado recientemente en la revista Cretaceous Research.


Un trabajo científico de la Dra. Marianella Talevi, investigadora del Instituto de Paleobiología y Geología del CONICET y Universidad Nacional de Rio Negro, realizado junto a colegas del CONICET, del Museo de La Plata y de la Universidad de Kansas (USA), fue publicado recientemente en la revista Cretaceous Research en el que dieron a conocer el hallazgo de una vértebra del cuello de un plesiosaurio de aproximadamente 67 millones de años con una patología ósea compatible con una infección respiratoria similar a la tuberculosis.  

Aunque ya se habían registrado patologías en los plesiosaurios desde 1870, los informes de enfermedades infecciosas son comparativamente escasos y, en el caso de plesiosaurios de Patagonia, eran hasta este reporte nulos.

Para Talevi, “los resultados de la investigación contribuyeron a mejorar la comprensión de los aspectos paleoecológicos, fisiológicos y etológicos de este grupo particular de reptiles marinos mesozoicos del Hemisferio Sur. Este  primer registro de un tipo infección en un plesiosaurio y de una vértebra del cuello, abre nuevas líneas de investigación para explorar enfermedades o traumas, indagar sobre los mecanismos de curación e incluso inferir  aspectos vinculados al comportamiento de estas especies”. 

El cuello de los plesiosaurios, que fueran popularmente inmortalizados por las leyendas del monstruo del Lago Ness o “el nahuelito” del lago Nahuel Huapi,  era una de las estructuras más características de este tipo de reptiles y llegaban en algunos casos a medir los 8 metros. Los plesiosaurios fueron reptiles marinos que vivieron desde el Triásico Tardío (208 Ma) hasta fines del Cretácico (66 Ma) y fueron muy exitosos como lo testimonian sus restos que han sido hallados en todos los continentes, incluyendo la Antártida. Su extinción estuvo asociada con los mismos eventos que provocaron la de los  dinosaurios, entre otros. 

Las enfermedades infecciosas, las anormalidades en el desarrollo, las deficiencias dietarias y las lesiones traumáticas son las causas principales que disminuyen el éxito reproductivo y/o causan la muerte de los animales en su ambiente natural. Muchas de estas enfermedades o traumas dejan rastros en los tejidos esqueléticos (anomalías del crecimiento, lesiones, tumores, malformaciones, etc.), por lo que pueden conservarse en el material fósil.

El hallazgo ocurrió en un campo próximo a la ciudad de Lamarque, en Río Negro, cuando un equipo de paleontólogos del CONICET - Universidad Nacional de Río Negro y Museo de La Plata (UNLP) se encontraban haciendo tareas de prospección. Entre varios restos de reptiles marinos hallados, se encontraba una vértebra cervical  de un plesiosaurio (del período Cretácico, aproximadamente 67 millones de años) cuyas características externas, y particularmente la textura de las capas más superficiales del hueso, llamaron inmediatamente la atención de Talevi. En el laboratorio la vértebra fue analizada en detalle y posteriormente escaneada con un microtomógrafo. Así se pudo determinar la presencia de características anormales en el patrón del tejido óseo compatibles con anomalías óseas que producen las infecciones como la tuberculosis. 

Dado que la vértebra no fue encontrada articulada con otras partes del esqueleto, no se pudo establecer la extensión del proceso infeccioso (esto es,  a cuantos huesos habría afectado) o el compromiso en cuanto a capacidad de caza por inmovilización del cuello que la misma pudo haber causado.

Esta reciente publicación se realizó en el marco de un proyecto de investigación sobre reptiles marinos jurásicos y Cretácicos de la Patagonia, financiado por la Universidad Nacional de Río Negro y el CONICET. 

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