martes 11 de mayo de 2021 - Edición Nº888

Opinión | 20 abr 2021

Clases sí o clases no

Qué se sabe de los contagios en las escuelas

Mientras algunos informes internacionales aseguran que la presencialidad en los colegios no es un foco de contagio masivo, otros expertos opinan lo contrario y algunos países ya las suspendieron. En Argentina, sigue siendo materia de debate.


Si bien no hay estudios puntuales sobre esta situación en el país, hay evidencia internacional que mostraría que las escuelas en sí, con los cuidados necesarios, no serían focos importantes de infección. Sin embargo, el riesgo nunca es nulo y distintos estudios demuestran que la reapertura de las escuelas sin una sólida mitigación del virus corre el riesgo de acelerar la pandemia.

Pero, ¿qué evidencia hay sobre el contagio en las escuelas, cuánta movilidad generan las clases presenciales y qué se hizo en otros países?

Qué evidencia internacional hay

Guadalupe Rojo, consultora en políticas públicas, profesora de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) e investigadora del Centro de Estudios para el Desarrollo Humano de la Universidad de San Andrés (CEDH-UdeSA), explicó que, según los datos disponibles a nivel internacional, las escuelas no parecen ser un especial foco de contagio y que la presencia de la COVID-19 en entornos escolares se vería afectada por los niveles de transmisión comunitaria (es decir, la situación social afectaría la situación en las escuelas y no viceversa), como lo muestra este estudio del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés). 

Rojo también remarcó que distintos estudios de Alemania, Australia, Estados Unidos, Francia, Irlanda y Singapur muestran poca evidencia del “ataque secundario”, es decir, de la transmisión a la familia después de la detección del caso en la escuela y, por ende, se presume que la fuente del paciente inicial o el caso cero no es la escuela.

Una nota del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) destaca que la evidencia internacional disponible muestra que “en las escuelas no se potencian los casos de COVID” y que “los riesgos no están en el interior de las escuelas, sino en los movimientos que se generar alrededor de la escuela, fundamentalmente aquellos relacionados con el uso del transporte público”. 

Por su parte, un estudio publicado hace un mes en la revista científica The Lancet analiza la situación del Reino Unido y sostiene que “la reapertura de la escuela sin una sólida mitigación del COVID-19 corre el riesgo de acelerar la pandemia”. En este punto, destaca que, “si bien regresar a la escuela lo antes posible es imperativo para la educación, el desarrollo social y el bienestar mental y físico de los niños, no es suficiente lo que se ha hecho para que las escuelas sean más seguras para los estudiantes y el personal”. 

Además, el trabajo afirma que “la reducción de la transmisión en la comunidad es esencial para permitir que las escuelas vuelvan a abrir de manera segura y permanezcan abiertas”, y que “reabrir plenamente en un entorno de alta transmisión comunitaria sin los cuidados adecuados corre el riesgo de privar a muchos niños de la educación y la interacción social nuevamente, agravando las desigualdades existentes”.

En este sentido, Ernesto Resnik, biólogo molecular y biotecnólogo argentino que reside en Minnesota, Estados Unidos, se refirió a un estudio que muestra el aumento de casos en las personas de edad escolar en dicho estado norteamericano y afirmó: “Es razonable decir que es preferible tener igual las escuelas abiertas. Lo que no es razonable es decir que en las escuelas no hay contagios”.

La decisión de suspender las clases presenciales en algunos lugares debido a la situación epidemiológica ya se tomó en países de la región como Brasil, Chile, México, Paraguay, Perú o Uruguay en este año, así como también tomaron la misma medida países europeos como Alemania y Francia. 

Qué consecuencias a largo plazo podría tener el cierre de las escuelas

Un artículo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) destaca que “es muy posible que, dentro de unos años, la educación sea la cicatriz más profunda y duradera que nos haya dejado el virus”. Como se explicó en esta nota, estimaciones iniciales muestran que a nivel nacional cerca de 1,5 millones de estudiantes de los distintos niveles educativos se verían desvinculados de la escolarización a causa del coronavirus.

Un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) destaca que, si bien aún no se conocen las pérdidas de aprendizaje precisas, las investigaciones existentes sugieren que los estudiantes afectados por los cierres totales de las escuelas al inicio de la pandemia podrían esperar ingresos un 3% más bajos durante toda su vida y que las pérdidas económicas se sentirán más profundamente en los estudiantes desfavorecidos cuyas familias son menos capaces de mantener los aprendizajes fuera de la escuela.

Para las naciones, el estudio -que no analiza las enseñanzas virtuales- remarca que el cierre total de las escuelas genera un menor crecimiento a largo plazo y que, de mantenerse cerradas medio año, se evidenciaría un Producto Bruto Interno (PBI) de largo plazo un 2,2% más bajo.

Otro informe del BID estima que 12 meses de interrupción de los programas preescolares por la pandemia podrían acarrear pérdidas equivalentes al 6,6% del PBI en la Argentina en el largo plazo. 

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