viernes 23 de abril de 2021 - Edición Nº870

Opinión | 20 mar 2021

Por Juan Miguel Massot

Siete opciones para el equipo económico si la situación empeora

El director del Instituto de Investigación de la Facultad de Ciencias Económicas de la USAL, evalúa las diferentes opciones y los posibles caminos de la economía argentina.


El verde es un color que obsesiona a los argentinos y no sin razón. Por una parte, el dólar, es nada más y nada menos que la moneda patrón o de referencia de cualquier decisión de ahorro o inversión en el país. Por otra, la soja, es el cultivo que contribuye con su cadena productiva a generar una parte importante de las divisas del país. Por ello, nuestros análisis y debates empiezan y terminan con el color verde.

Juan Miguel Massot

Como si fuera poco, dólar y soja están estrechamente relacionados. En las últimas semanas, se ha notado cómo la mejora en los precios de algunos productos de exportación, como la soja, trajo alivio al equipo económico, ya que esos dólares adicionales le brindan un mayor espacio al banco central para su política cambiaria, al menos, según parece, hasta mitad de año.

Sin embargo, hay varios factores adicionales para tener en cuenta. El precio de las commodities podría resentirse si en los mercados mundiales el dólar detiene su caída y crecen las expectativas de su recuperación. Los buenos rindes para la soja dependen del volumen de lluvias de las próximas semanas, algo que no está asegurado. Además, está el acopio adicional que puedan realizar los productores y exportadores por la incertidumbre y las pocas opciones rentables para inversiones en pesos. Por último, la mera posibilidad de una erosión de la incipiente “pax cambiaria” conduciría a decisiones precautorias del sector privado, lo que recalentaría todos los mercados del dólar (oficial, MEP, CCL, blue).

Un escenario como el planteado, exacerbaría las expectativas negativas sobre el peso y complicaría la gestión del Banco Central. Aunque éste podría aumentar la intervención en el mercado de bonos, elevaría las tasas de interés y la desconfianza, afectando negativamente la actividad económica.

¿Qué opciones se abren para las autoridades económicas si la situación empeora?

1. Aguantar hasta las elecciones, implementando parches comerciales, monetarios y financieros de diversos tipos. En este caso surgiría el riesgo del “día después”, que impulsaría a anticipar decisiones que afectarían el objetivo de mantener cierto grado de estabilidad macroeconómica.

2. Reducir las retenciones para lograr una mayor liquidación de granos. Esto resentiría a corto plazo las cuentas fiscales y la programación monetaria del Banco Central, obligándolo a un expansionismo monetario adicional con un impacto neto en el mercado de divisas que no necesariamente es el buscado.

3. Firmar rápidamente un acuerdo con el FMI, lo cual no resuelve los problemas en curso porque no impacta, a corto plazo, ni en las expectativas de la gente ni en la de los operadores de mercado. La renegociación de la deuda externa con bonistas y la evolución de la economía del último año son un ejemplo de ello.

4. Instaurar un desdoblamiento cambiario y autorizar el uso de dólares para transacciones, lo cual podría oxigenar el mercado de divisas y sumar algo de consumo y de inversión. Si esta opción no se tomó hasta ahora, no parece que se concrete este año, aunque podrían integrar un futuro programa económico.

5. Renovar la narrativa. Su problema es que la gente debería percibirlo inmediatamente en el día a día porque no compra ni vende palabras.

6. Aplicar un plan de estabilización y de crecimiento integral y consistente, algo que es casi imposible aproximándose las elecciones. En los hechos, esto puede pensarse como una etapa superadora y aplicable luego de octubre.

7. Finalmente, una combinación de algunos de los elementos de las opciones planteadas, cuya efectividad, a corto plazo y en el mejor de los casos, sería acotada.

¿Qué se puede concluir? Enfrentamos una situación muy difícil, potenciada por la elevada incertidumbre y la percepción de falta de rumbo. Sin embargo, tenemos que recordar que el verde es también el color de la esperanza. Ilusionémonos con que las próximas decisiones del gobierno y el clima internacional nos ayude a salir, después de tantos años, de este mar de los Sargazos.

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