viernes 05 de marzo de 2021 - Edición Nº821

Opinión | 17 dic 2020

Opinión

América Latina en riesgo de retroceder 60 años en educación

Mariano Tomassi, docente y Director del Centro de Estudios para el Desarrollo Humano de la UDESA, participó de la elaboración de una investigación sobre las serias consecuencias causadas por el Covid-19 para toda la región







Mariano Tomassi, docente y Director del Centro de Estudios para el Desarrollo Humano de la UDESA, participó de la elaboración de una investigación sobre las serias consecuencias causadas por el Covid-19 para toda la región
 
Por: Mariano Tomassi (*)
 
La creciente brecha educativa causará un daño devastador en términos de desigualdad y crecimiento económico en los próximos años, a menos que nos tomemos en serio las señales de advertencia.
 
La pandemia de COVID-19 pone a América Latina en grave riesgo de perder los avances que la región ha logrado en las últimas décadas en materia educativa. Según UNICEF, el 97% de los niños se encuentran fuera de las aulas en una región donde la movilidad social proveniente de la educación ya es baja, y donde la igualdad de oportunidades es cada vez más difícil de lograr. Pero es posible que la generación actual de niños en edad escolar, especialmente aquellos provenientes de hogares de bajos ingresos y menor educación, se enfrente a un futuro en el que los escasos niveles de logros educativos se retrotraigan a los obtenidos en la década de 1960.
 
Retroceder en la educación no solo es malo para los niños directamente afectados. El futuro de América Latina podría sufrir pérdidas en el crecimiento económico y una mayor polarización política como consecuencia de estas pérdidas de capital humano de las personas más vulnerables.
 
Si bien las escuelas cierran sus puertas a los niños de todos los orígenes socioeconómicos, la capacidad que estos tienen para seguir aprendiendo depende de los ingresos y del nivel educativo de sus padres. Al igual que en otras regiones del mundo, los padres con educación superior tienen mejor acceso a Internet, cuentan con dispositivos como computadoras portátiles, tablets, etc., y también poseen el conocimiento y las habilidades necesarias para apoyar la educación en el hogar de sus hijos. También tienen los recursos económicos para contratar tutores y comprar las mejores opciones en línea para los materiales del curso. Por el contrario, los niños que viven en hogares con padres de baja educación, pueden tener dificultades - si no imposibilidades- para continuar su educación en el hogar debido a la falta de equipos adecuados, conectividad y, sobre todo, apoyo individualizado. Sólo como ejemplo de tales desigualdades, la cobertura de internet para hogares cuyo jefe tiene estudios menores a la secundaria en Bolivia, El Salvador, Honduras y Nicaragua ronda el 30%, mientras que está por encima del 90% en familias encabezadas por adultos con estudios superiores a esta.
 
Los niños de hogares desfavorecidos terminarán con niveles más bajos de aprendizaje, y muchos podrían abandonar la escuela por completo. Esto dará como resultado una menor movilidad social y una mayor desigualdad de oportunidades en el futuro. Los gobiernos de la región han implementado una serie de medidas, cuya escala varía significativamente entre países, como programas de televisión, radio, impresiones y aprendizaje en línea, así como programas de apoyo a los ingresos. Pero estas políticas de mitigación simplemente no son suficientes. Nuestras proyecciones, que se basan en ejercicios de simulación que explicamos en nuestro próximo artículo sobre los efectos intergeneracionales de COVID-19 en América Latina, estiman que la probabilidad de que los estudiantes de hoy en día completen la educación secundaria en América Latina pronto podría caer de un 61% a un 46%. (El working paper pronto será publicado por el CEQ Institute).
 
Este promedio, sin embargo, esconde notables diferencias entre países y grupos socioeconómicos. Mientras que el impacto en las personas de familias altamente educadas será muy pequeño en promedio, la probabilidad de completar la escuela secundaria para las personas con padres con poca educación disminuye casi 20 puntos porcentuales, cayendo del 52% al 32% en la post pandemia. Este magro nivel de logro educativo para los niños de familias con bajo nivel educativo es equivalente al registrado en América Latina para las cohortes nacidas en la década de 1960. El descenso más pronunciado se estima en Brasil: 32 puntos porcentuales; el menos dramático, para Uruguay: 9 puntos porcentuales. En Guatemala y Honduras, la probabilidad de que los individuos de familias con menor nivel educativo terminen la escuela secundaria podría incluso caer por debajo del 10%. La brecha en la probabilidad de completar la escuela secundaria entre los niños de familias con bajo nivel educativo y los niños de familias con alto nivel educativo, que ya era alta antes de la pandemia, podría aumentar significativamente.
 
¿Puede hacerse algo para evitar este aumento dramático en la desigualdad? Para suavizar el impacto negativo del cierre de escuelas en los niños, los gobiernos están experimentando diversas formas de reabrirlas que son prudentes desde el punto de vista epidemiológico. La reapertura de las escuelas, sin embargo, no es suficiente ahora y tampoco será suficiente en el período posterior a la pandemia. Será necesario compensar las pérdidas aumentando tanto la cantidad como la calidad del tiempo de aprendizaje una vez que se normalice el estado de pandemia. Los sistemas escolares deberán contemplar horarios extendidos, programas de verano, horas extra, y una instrucción más personalizada. Los esfuerzos también deberán estar orientados a desarrollar recursos en línea y fuera de línea disponibles de forma gratuita, y ampliar la conectividad a las escuelas y otros lugares para que los recursos se puedan descargar sin costo alguno. La atención debe centrarse en los niños más vulnerables. Es decir, los niños de hogares con bajo nivel educativo, ya que son los que han perdido más tiempo efectivo de instrucción.
 
Las acciones correctivas y las operaciones de rescate requerirán recursos, especialmente recursos financieros. Una recomendación clave es que los gobiernos no recorten el gasto en educación cuando se enfrenten a la inevitable necesidad de controlar los déficits fiscales (déficits que no solo fueron aceptables sino alentados durante la pandemia). De hecho, es posible que los recursos fiscales dedicados a la educación deban aumentar (o reasignarse a segmentos más prioritarios). El desafío es tan abrumador que también se necesitará ayuda de actores no estatales. La filantropía privada, el sector con fines de lucro y las organizaciones comunitarias, junto con los gobiernos, deben lanzar una cruzada para evitar que la próxima generación de niños vulnerables se quede atrás.
 
(*) Director del Centro de Estudios para el Desarrollo Humano y Profesor Plenario del Departamento de Economía
 




Fuente: (Universidad de San Andrés)


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