La enfermedad de Chagas continúa siendo endémica en Argentina y representa un desafío sanitario de gran magnitud. Se estima que alrededor de 1.300.000 personas la padecen y que más de 6 millones están expuestas. Entre un 30% y un 40% de los infectados desarrollará algún tipo de afección cardíaca.
Históricamente asociada a zonas rurales del norte del país y a la presencia de la vinchuca, el panorama epidemiológico ha cambiado. En la actualidad, la principal vía de transmisión es la vertical, es decir, de madre a hijo durante el embarazo o el parto. También se registran contagios por transfusiones de sangre o trasplantes de órganos provenientes de donantes infectados.
En Argentina, más de la mitad de las personas con Chagas residen en la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires. A nivel global, la enfermedad afecta a unos 13 millones de personas y ya no se limita a América Latina: existen casos en Europa, Japón y Australia, lo que la posiciona como un problema de salud pública internacional.
El cardiólogo Roberto Nicolás Agüero, integrante del Hospital de Clínicas de la UBA, señaló que una de las prioridades actuales es reducir la transmisión vertical. Según explicó, cuando una persona gestante con Chagas da a luz, es fundamental testear al recién nacido y comenzar el tratamiento de inmediato en caso de ser necesario. Si se actúa dentro del primer año de vida, la tasa de curación alcanza el 100%, aunque disminuye con el paso del tiempo.
Asimismo, recomendó tratar a mujeres en edad fértil que no estén embarazadas para minimizar el riesgo de transmisión futura. En ese sentido, destacó que la detección temprana y la concientización son herramientas clave para controlar la enfermedad.
En cuanto al tratamiento, actualmente existen dos medicamentos antiparasitarios eficaces en la fase aguda o en casos de reactivación en personas inmunosuprimidas: benznidazol y nifurtimox. Estudios recientes en Argentina demostraron que tratamientos cortos en mujeres con infección crónica pueden prevenir la transmisión congénita.
En paralelo, la ciencia argentina avanza en el desarrollo de una posible vacuna. Equipos de investigación de la Universidad de Buenos Aires y el CONICET diseñaron un agente vacunal que, en modelos animales, logró generar una respuesta inmune capaz de neutralizar la infección y brindar protección.
El desarrollo se basa en una molécula quimérica que combina un antígeno del parásito Trypanosoma cruzi con un superantígeno modificado. Esta estrategia permitió inducir tanto una respuesta inmunológica específica como una acción citotóxica que reduce la carga parasitaria en las células.
Los resultados obtenidos en estudios preclínicos son considerados prometedores y representan un paso importante hacia una vacuna que permita prevenir y eventualmente tratar la enfermedad de Chagas. Además, abren la puerta a nuevas aplicaciones en el campo de enfermedades infecciosas e incluso en terapias oncológicas.