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Silvia Grinberg: "El problema no es que la escuela no haga nada, sino que hace mucho más de lo que puede" - Universidades Hoy

OPINIóN | 6 ABR 2026

UNIVERSIDAD NACIONAL DE SAN MARTíN

Silvia Grinberg: "El problema no es que la escuela no haga nada, sino que hace mucho más de lo que puede"

La directora del Laboratorio de Investigación en Ciencias Humanas de la Escuela de Humanidades (UNSAM-CONICET) invita a invertir el planteo del problema: dejar de buscar culpas en la escuela y empezar a pensar qué condiciones requiere para sostener lo común en contextos cada vez más complejos.



Cada vez que ocurre una tragedia en una escuela, la reacción parece automática: buscar responsabilidades dentro de la institución. Se interroga a la directora, a los docentes, a la comunidad educativa. ¿Qué hicieron? ¿Qué no hicieron? ¿Por qué no lo evitaron? Ante la tragedia necesitamos encontrar responsables y la escuela siempre está ahí.

Pero tal vez habría que pensar de otro modo e invertir los términos con los que se interroga.

Porque la pregunta no debería ser qué hizo la escuela, sino con qué cuenta la escuela para hacer frente a situaciones que son cada vez más complejas, más frecuentes y más extremas. No se trata de uno, dos o tres casos aislados: son múltiples situaciones que llegan al mismo tiempo, se superponen y desbordan, especialmente en el nivel secundario.

Entonces, tal vez la pregunta que como sociedad deberíamos hacernos es otra: ¿Qué podemos hacer por las escuelas? ¿Qué políticas las escuelas necesitan para poder sostener lo que hacen y todas la demandas y necesidades que cada vez más caen en cascada?

Hoy se les pide que enseñen a convivir, que gestionen conflictos, que aborden el bullying, que trabajen las emociones, que intervengan sobre lo que ocurre en las redes sociales. Pero todo eso —que no es nuevo— se vuelve cada vez más intenso en un contexto social donde la violencia crece y los lazos se debilitan. Y todo eso entra a la escuela.

Ahora bien, si la escuela no estuviera, ¿qué pasaría? Si incluso con la escuela estos conflictos emergen, ¿qué sería sin ella? Lejos de ser el origen del problema, la escuela es, muchas veces, el último espacio donde algo de lo común todavía se sostiene. Y especialmente la malla de contención, el dique.

Sin embargo, se la sobrecarga como si pudiera hacerlo todo.

Se espera que resuelva situaciones que exceden lo estrictamente escolar como por ejemplo un adolescente que no sólo tiene acceso a un arma, sino que circula libremente con ella -y que, en muchos casos, exceden a cualquier institución- sin preguntarse en qué condiciones lo hace. ¿Con qué equipos cuenta? ¿Con qué tiempos? ¿Con qué recursos? ¿Qué posibilidades reales tienen docentes y directivos de detenerse a pensar colectivamente lo que ocurre?

Porque la escena cotidiana dista mucho de esa expectativa ideal. Directivos absorbidos por tareas administrativas, docentes con jornadas fragmentadas y sobrecargadas, escuelas que deben responder a una multiplicidad de demandas sin contar con los espacios mínimos para procesarlas. Se exige intervención, pero no se generan las condiciones para intervenir.

Incluso en el plano discursivo aparece una suerte de ilusión: la idea de que con talleres -por ejemplo, de gestión emocional- se podrían resolver situaciones que son profundamente complejas y que no tienen su origen en la escuela. Como si eso alcanzara frente a violencias que se gestan en otros ámbitos, pero que, inevitablemente, irrumpen en la vida escolar.

El problema no es que la escuela no haga nada. El problema es que hace mucho más de lo que puede, pero como un dique hay un momento que rebasa.

Por eso, cambiar la forma en que pensamos estas situaciones no es un detalle menor. Es central. Porque no es lo mismo partir de la culpabilización que partir del fortalecimiento. No es lo mismo exigir resultados que preguntarse qué se hizo —desde las políticas públicas y desde la sociedad en su conjunto— para que esos resultados sean posibles.

¿Qué se hizo para mejorar las condiciones de trabajo docente? ¿Qué tiempos institucionales existen para que los equipos puedan reunirse, compartir situaciones, pensar estrategias? ¿Qué dispositivos acompañan a las escuelas en el abordaje de problemáticas complejas?

Sin esos soportes, cualquier evaluación sobre lo que ocurre en una escuela queda vacía.

Fortalecer a la escuela implica poner en marcha políticas concretas que generen las condiciones para que las escuelas puedan hacer su trabajo. Pero también aceptar sus límites. Hay situaciones que la atraviesan, pero que no puede resolver por sí sola. Y asumir eso no es renunciar a su función: es, justamente, crear las condiciones para que pueda ejercerla mejor.

Porque cuando todo se le pide a la escuela sin darle nada a cambio, lo que se produce no es una solución. Es un abandono.

Y en ese abandono, lo que está en juego no es solo la institución escolar. Es la posibilidad misma de sostener un entramado social capaz de alojar, cuidar y poner límites allí donde hoy, muchas veces, todo parece desbordarse.

Nota: Silvia Grinberg, directora del Laboratorio de Investigación en Ciencias Humanas de la Escuela de Humanidades (UNSAM-CONICET)