viernes, 03 de julio de 2020 |Hora: : :

Opinión


Enseñar y aprender en un contexto incierto

Fecha Publicación: 03/07/2020  09:00 

Nota de opinión de Patricia Relats, Profesora de la Licenciatura en Gestión de Medios y Entretenimiento de UADE

Por: Lic. Patricia Relats (*)

¿Por qué uno estudia? Porque estudiar es esperanza, poder hacer algo que se sueña hacer. ¿Por qué uno enseña? Porque la transferencia de saber es un acto de amor y que se da tanto desde el lugar de docente como el de alumno. Pero de repente: Pandemia.

En el área educativa en la que me desempeño, las materias tienen tanto perfil práctico como proyectual y teórico. Y como por arte de magia, de repente nos encontrábamos ingresando a Microsoft Teams con aulas virtuales, opciones de videoconferencia, carga de materiales, chat y foro.

A través de la experiencia vivida luego de esta transformación, podemos hablar de 6 grandes crisis en cuanto a la enseñanza remota:

- La crisis sobre la duración de las clases: Cuatro horas semanales frente a una pantalla, no es del todo practicable. Es crucial y vital tener, al menos, una conexión sincrónica para dar rutina, establecer un vínculo, es dar contención en un contexto en el que todo lo demás está en jaque.

- La crisis de la práctica: ¿Qué pasa con las materias taller? Hay una base que siempre debe dar el docente, pero ¿Cómo resolvemos el “hacer”? 

- La crisis del examen: Esta modalidad, que hace que los estudiantes tengan todo el material a disposición, invita a metodologías creativas y desafiantes. Para resolver y para corregir.

- La crisis de la atención: ¿Es lo mismo que la no participación? Mariano Suárez, colega, se refirió a esto como “Educación podcast”. Escuchas cuando querés y no tenés necesariamente la obligación de estar en el aquí y ahora. ¿Qué nos pasa como profesores cuando no sentimos la participación?

- La crisis del contenido. Saber elegir cuáles son los elementos clave, es saber acompañar.

- La crisis de contención. La educación es una actividad vincular. También hay que tener en cuenta que el aula pone un manto de supuesta igualdad entre todos, es decir, mientras estamos en el aula no hay nada más que nosotros, y todos los alumnos son iguales. En esta nueva modalidad todo cambia: no se nota aquel que no vive solo y tiene al hermanito de cinco años saltando en la cama cuando intenta cursar, no se nota el que no tiene un dispositivo por habitante del hogar y no puede conectarse en el horario, o el que sí vive sólo con las implicancias que la cuarentena genera. Entonces hay que tomarse un tiempo y generar ese vínculo. Si el docente siempre buscó contener, ahora es vital.

Pero también, frente a estas crisis hemos encontrado diversos aprendizajes:

- Las clases tienen que ser grabadas para estar disponibles en diferentes horarios y no podemos pensar en la misma extensión, sobre todo en las materias teóricas.

- Los docentes debemos pensar espacios de consulta e intercambio por fuera del tiempo de clases.

- Crear un vínculo con los alumnos es importante: ese espacio de confianza es el que favorece el aprendizaje.

- Comprender que hay lapsos de concentración más cortos y que hay que reforzar conceptos. Ante esto, es mejor elegir focalizar que intentar cumplir con el mismo ritmo de contenidos. Esto debería convenirse entre los docentes que dicten la materia.

- La metodología de evaluación no debería estar atada a la cantidad de alumnos, pero sí a la realización remota que no requiera de una conexión simultánea.

- Todo material extra que funcione como guía, permitirá al alumno sentirse más acompañado, y al docente a dirigir sus esfuerzos a reforzar aquello que no queda claro.

- Las duplas pedagógicas suman posibilidad de contención a los alumnos y refuerzo de contenidos en un momento en el que sabemos que las clases insumen más tiempo que el simple dictado

- Estamos todos aprendiendo: escuchar para ser escuchados. Un alumno puede sugerir una mejor aplicación, un caso más actual que permita explicar determinado concepto resbaladizo. Abrir el diálogo es abrir el camino.

Por último, hay que recordar que seguimos aprendiendo y buscamos mejorar. Educar es nuestra pasión, pero también es la ventana a la creatividad, a inspirar y ser inspirados, a que el intercambio nos haga cada vez mejores. Y esta es una oportunidad de salir transformados.

Enseñar y aprender en un contexto incierto

¿Por qué uno estudia? Porque estudiar es esperanza, poder hacer algo que se sueña hacer. ¿Por qué uno enseña? Porque la transferencia de saber es un acto de amor y que se da tanto desde el lugar de docente como el de alumno. Pero de repente: Pandemia.

En el área educativa en la que me desempeño, las materias tienen tanto perfil práctico como proyectual y teórico. Y como por arte de magia, de repente nos encontrábamos ingresando a Microsoft Teams con aulas virtuales, opciones de videoconferencia, carga de materiales, chat y foro.

A través de la experiencia vivida luego de esta transformación, podemos hablar de 6 grandes crisis en cuanto a la enseñanza remota:

- La crisis sobre la duración de las clases: Cuatro horas semanales frente a una pantalla, no es del todo practicable. Es crucial y vital tener, al menos, una conexión sincrónica para dar rutina, establecer un vínculo, es dar contención en un contexto en el que todo lo demás está en jaque.

- La crisis de la práctica: ¿Qué pasa con las materias taller? Hay una base que siempre debe dar el docente, pero ¿Cómo resolvemos el “hacer”? 

- La crisis del examen: Esta modalidad, que hace que los estudiantes tengan todo el material a disposición, invita a metodologías creativas y desafiantes. Para resolver y para corregir.

- La crisis de la atención: ¿Es lo mismo que la no participación? Mariano Suárez, colega, se refirió a esto como “Educación podcast”. Escuchas cuando querés y no tenés necesariamente la obligación de estar en el aquí y ahora. ¿Qué nos pasa como profesores cuando no sentimos la participación?

- La crisis del contenido. Saber elegir cuáles son los elementos clave, es saber acompañar.

- La crisis de contención. La educación es una actividad vincular. También hay que tener en cuenta que el aula pone un manto de supuesta igualdad entre todos, es decir, mientras estamos en el aula no hay nada más que nosotros, y todos los alumnos son iguales. En esta nueva modalidad todo cambia: no se nota aquel que no vive solo y tiene al hermanito de cinco años saltando en la cama cuando intenta cursar, no se nota el que no tiene un dispositivo por habitante del hogar y no puede conectarse en el horario, o el que sí vive sólo con las implicancias que la cuarentena genera. Entonces hay que tomarse un tiempo y generar ese vínculo. Si el docente siempre buscó contener, ahora es vital.

Pero también, frente a estas crisis hemos encontrado diversos aprendizajes:

- Las clases tienen que ser grabadas para estar disponibles en diferentes horarios y no podemos pensar en la misma extensión, sobre todo en las materias teóricas

- Los docentes debemos pensar espacios de consulta e intercambio por fuera del tiempo de clases.

-  Crear un vínculo con los alumnos es importante: ese espacio de confianza es el que favorece el aprendizaje.

- Comprender que hay lapsos de concentración más cortos y que hay que reforzar conceptos. Ante esto, es mejor elegir focalizar que intentar cumplir con el mismo ritmo de contenidos. Esto debería convenirse entre los docentes que dicten la materia.

- La metodología de evaluación no debería estar atada a la cantidad de alumnos, pero sí a la realización remota que no requiera de una conexión simultánea.

- Todo material extra que funcione como guía, permitirá al alumno sentirse más acompañado, y al docente a dirigir sus esfuerzos a reforzar aquello que no queda claro.

- Las duplas pedagógicas suman posibilidad de contención a los alumnos y refuerzo de contenidos en un momento en el que sabemos que las clases insumen más tiempo que el simple dictado.

- Estamos todos aprendiendo: escuchar para ser escuchados. Un alumno puede sugerir una mejor aplicación, un caso más actual que permita explicar determinado concepto resbaladizo. Abrir el diálogo es abrir el camino.

Por último, hay que recordar que seguimos aprendiendo y buscamos mejorar. Educar es nuestra pasión, pero también es la ventana a la creatividad, a inspirar y ser inspirados, a que el intercambio nos haga cada vez mejores. Y esta es una oportunidad de salir transformados.

(*) Profesora de la Licenciatura en Gestión de Medios y Entretenimiento de UADE




Fuente: (UADE)

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