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Universidad Siglo 21


Coronavirus y futuro del progreso humano

Fecha Publicación: 08/05/2020  10:30 

Nota de opinión de Andrés Pallaro, Director del Observatorio del Futuro de Universidad Siglo 21
 
 
Por: Andrés Pallaro (*)
 
Los grandes acontecimientos del mundo siempre se inscriben dentro de un contexto. Podemos argumentar y disentir cuánto pueden advertirse previamente gracias a tendencias y escenarios, y cuánto peso pueden tener esos imprevistos “cisnes negros”.  El coronavirus tiene su propio “zeigest”. Pues bien, el virus originado en China sucede en tiempos de un mundo dominado por el malestar, el cansancio y el pesimismo. Todo ello a pesar de la opulencia material, los avances en el combate a la pobreza y el repertorio de posibilidades para resolver problemas humanos que brindan las nuevas tecnologías.
 
El Siglo 20 terminó con luces expandidas: crecimiento económico, derrota del comunismo y acelerada globalización. Pero, a poco andar, el trayecto se llenó de niebla. El miedo por terrorismos desbocados tras el ataque a las Torres Gemelas (2001), la potente crisis financiera global (2008) y el alarmante crecimiento de desigualdades luego de haber facilitado que tantas personas abrazaran el progreso, fueron oscureciendo el panorama.
 
En este mundo, lleno de contrastes entre los beneficios de las capacidades de innovación humanas y el malestar por todo lo que colectivamente aun no logramos resolver, llegó el coronavirus. Hubo alertas, como el Sars o el Ébola. Y estudios científicos previsores y mensajes visionarios como el de Bill Gates alertando sobre la escasa preparación del mundo para enfrentar pandemias. No los advertimos. Quizás haya que buscar en los crecientes desequilibrios de nuestras maneras de vivir, producir y gestionar los asuntos globales, las causas profundas de esta pandemia. Es que, si miramos bien, estamos estancados entre la promesa de todo lo que podemos lograr después de haber llegado hasta acá como civilización y los crecientes obstáculos para gestionar las transiciones que viven las sociedades para recrear el progreso.
 
Podemos convertir la victoria sobre el Covid19 en la plataforma para acelerar la construcción de un mundo mejor. Esta pandemia, que no discrimina entre clases sociales ni niveles de desarrollo de los países, nos hará más conscientes que nunca de nuestra finitud, vulnerabilidad y destino común dentro del Planeta Tierra. Ya no se trata de esos efectos adversos de la marcha del mundo que “les pasa a los otros”. Cada uno de nosotros es una víctima potencial de este elemento químico que nos asalta sin piedad. Quizás ese sentimiento colectivo sea el que necesitamos para recrear fuerzas y tomar velocidad para superar las transiciones hacia un mundo mejor, que combine de maneras superadoras la tecnología que tanto nos resuelve con la humanidad revalorizada que tanto necesitamos.
 
 No se trata, aunque insistamos, de derecha vs izquierda, de estado vs mercado, de nacionalismo vs internacionalismo. Los debates emergentes tienen que ver fundamentalmente sobre cómo organizar un sistema económico y social que regule, sin ahogar, al mercado, la creación de valor y la innovación tecnológica garantizando la vigencia del motor creativo que nos ha traído tanto bienestar. Pero, al mismo tiempo, el debate consiste en cómo generar puentes efectivos para el ascenso social de las mayorías evitando la distopía de sociedades duales.
 
Tres premisas se imponen para esta agenda post virus: una nueva ética que respete el planeta reparando todos los desequilibrios ambientales que hemos generado; una inapelable disciplina para respetar las evidencias científicas en la toma de decisiones y una postergada cesión de soberanías nacionales en manos de una Gobernanza global inteligente y justa que nos permita estar mejor equipados para problemas de alcance global.
 
El informe 2019 de Naciones Unidas sobre el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) alertaba: hemos logrado mucho, pero hace varios años que la fuerza transformadora se estaba desacelerando. El Covid-19 nos pone de lleno y de forma dramática en una década que será decisiva para el futuro de la humanidad. No saldremos siendo los mismos de esta pandemia. El liderazgo mundial debe hacer punta, pero todos tendremos responsabilidades en la tarea de recrear el optimismo, expandir nuestras capacidades y lanzarnos a crear valor en la pequeña parte que nos toca de este mundo.
 
¿Seremos capaces de hacerlo? Yo creo que sí, aunque nos esperan años muy duros. Irvin Yalom, en su obra póstuma, Memorias de un Psiquiatra, expresó: “Aunque la realidad de la muerte pueda destruirnos, la idea de la muerte puede salvarnos. Implica advertir que, como tenemos una oportunidad de vida, debemos vivirla plenamente y terminarla con la menor cantidad posible de arrepentimientos”. Que el desenlace del Covid-19 inspire las invisibles e inacabadas fuerzas de la humanidad hacia un mundo mejor.
 
(*) Director del Observatorio del Futuro de Universidad Siglo 21




Fuente: (Universidad Siglo 21)

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