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Universidad Nacional de San Martín


Cigarrillo electrónico: Que el humo no tape el daño

Fecha Publicación: 04/10/2019  10:00 

La Argentina es uno de los países de la región con mayor consumo de tabaco: A la par, aumenta el uso de cigarrillos electrónicos y dispositivos de tabaco calentado que también son riesgosos para la salud
 
 
Más de 44.800 personas mueren cada año en la Argentina a causa de enfermedades relacionadas con el tabaquismo, cifra que resulta en unas 123 personas por día. Además, se estima que este factor de riesgo genera más de 33.000 millones de pesos en costos directos en salud, según datos de un informe elaborado por el Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria. A pesar de que el consumo de estos productos ha disminuido en los últimos años, la Argentina es uno de los países con mayor consumo de tabaco en la región. En el país, también crece el uso de cigarrillos electrónicos y productos de tabaco calentado, sobre todo entre jóvenes y adolescentes.
 
“Tenemos un descenso progresivo del consumo pero es muy lento. La Argentina tiene que avanzar en la prohibición completa de publicidad de productos de tabaco, junto con el etiquetado neutro y la eliminación de la publicidad en el envase”, dijo Mario Virgolini, director del Centro de Estudios de Prevención de Riesgo y Promoción de la Salud (CEPRIS) de la Universidad Isalud, durante un debate multisectorial organizado por la Fundación Interamericana del Corazón (FIC) Argentina, en el que referentes en materia de control de tabaco reflexionaron sobre la necesidad de elevar los estándares actuales de control. Durante el encuentro también se planteó la urgencia por tomar medidas para contrarrestar nuevas estrategias de la industria tabacalera, como la promoción de cigarrillos electrónicos y productos de tabaco calentado.
 
Según datos de la Cuarta Encuesta Nacional de Factores de Riesgo del INDEC, el 22,2% de los adultos consume tabaco, mientras que la edad de inicio se ubica entre los 12 y los 15 años. En este segmento etario se están insertando nuevos dispositivos de tabaco como los cigarrillos electrónicos, que son ofrecidos como opciones “más saludables”, de manera engañosa y fraudulenta. Prueba de esto son los casos recientemente denunciados en Estados Unidos, de fallecimientos y enfermedad pulmonar grave asociada al uso de estos dispositivos, que están  llevando a la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por su sigla en inglés) a considerar nuevas restricciones y prohibiciones en torno a ellos.
 
 
Más de 44.800 personas mueren cada año en la Argentina a causa de enfermedades relacionadas con el tabaquismo, según datos de un informe elaborado por el Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria
 
 
A pesar de que la venta y promoción de estos productos está prohibida en la Argentina, su consumo también está en aumento. La Ley Nacional de Control de Tabaco Nº26687 prohíbe el consumo de cigarrillos electrónicos en lugares cerrados y, desde el año 2011, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) también prohibió su importación, distribución, comercialización y publicidad o cualquier modalidad de promoción en todo el territorio nacional (a través de la Disposición 3226/11).
 
Pese a eso, los productos se consiguen, principalmente a través de Internet, y su consumo está en aumento: el 7,1% de los adolescentes de 13 a 15 años utiliza cigarrillos electrónicos en la Argentina, mientras que el 20% de los estudiantes consume algún producto de tabaco y el 18% es consumidor de cigarrillos tradicionales (en ambos casos, las mujeres en mayor proporción que los varones). Los datos surgen de la Quinta edición de la Encuesta Mundial de Tabaquismo en Jóvenes (EMTJ), realizada por la Secretaria de Gobierno de Salud, la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS) y el Centro de Control de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, con la colaboración del Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología de la Nación, en base a una muestra representativa de casi 1500 estudiantes de escuelas públicas y privadas de todo el país.
 
“Los productos tradicionales de tabaco siguen siendo una prioridad, pero también consideramos que era fundamental cambiar la posición”, dijo Verónica Schoj, directora Nacional de Promoción de la Salud y Enfermedades Crónicas No Transmisibles de la Secretaría de Salud. Según Schoj, las muertes por cigarrillo electrónico y las encuestas del año pasado, que resultaron en sintonía con el “rápido crecimiento” del consumo mundial de estos productos en los últimos años, fueron determinantes para que se volvieran una “prioridad” para las autoridades sanitarias.
 
 
El 7,1% de los adolescentes de 13 a 15 años utiliza cigarrillos electrónicos en la Argentina, mientras que el 20% de los estudiantes consume algún producto de tabaco y el 18% es consumidor de cigarrillos tradicionales.
 
Humanicidas
 
“Si hay un descenso en el consumo, la industria tabacalera se reconvierte. En el marketing, al cigarrillo electrónico y el tabaco calentado se los presenta como lo mismo, pero no lo son”, advierte Virgolini, que también es miembro de la Unión Antitabáquica Argentina (UATA), y explica que estos sistemas son atractivos para los jóvenes por el uso de saborizantes y ciertos rasgos de diseño (ya que algunos tienen forma de bolígrafos y memorias USB portátiles, por ejemplo), pero principalmente por la creencia de que son menos dañinos para la salud, aunque tienen un alto contenido de nicotina, muchas veces superior al de los cigarrillos tradicionales.
 
A diferencia de los cigarrillos electrónicos, que calientan líquidos que pueden contener o no nicotina, y que general no contienen tabaco, los productos de tabaco calentado —también conocidos como “vapeadores”,  e-hookah, bolígrafo vapeador y mods—, producen aerosoles con nicotina y otras sustancias químicas, aditivos y, en general también, aromatizantes. Son más de 460 las marcas de este tipo de dispositivos, fabricados y vendidos por distintas compañías, incluso tabacaleras, como Philip Morris International, que ofrece el denominado iQOS; British American Tobacco (BAT), que produce Glo; y Japan Tobacco International, con Ploom TECH.
 
 
Estos sistemas son atractivos para los jóvenes por el uso de saborizantes y ciertos rasgos de diseño (ya que algunos tienen forma de bolígrafos y memorias USB portátiles).
 
“Según la industria, estos productos reducen del 90 al 95% los componentes dañinos, y por eso los recomiendan para reemplazar a los tradicionales, pero la realidad es que también son perjudiciales, se desconocen las consecuencias de largo plazo y aparecen impactos agudos”, advirtió Virgolini y agregó que, además, en vez de lograr el reemplazo de un producto por otro, es frecuente el uso de ambos tipos de cigarrillos en simultáneo. “Al discurso que afirma que no es humo sino vapor, hay que responderle que no es vapor sino aerosol. El vapor se asocia al agua y es algo engañoso. Esto un aerosol que contiene numerosas microparticulas que llegan a lo más profundo del pulmón, con efectos muy peligrosos”, destacó el especialista sobre estos productos que, en tono irónico, calificó como “humanicidas”.
 
En cuanto a las regulaciones, los productos de tabaco calentado todavía no están contemplados en la legislación Argentina. “Estamos trabajando en una regulación para la prohibición de los productos de tabaco calentado por principio precautorio, en base a la experiencia que tenemos con los otros productos”, adelantó Schoj y recordó que, a principios de año, ante un pedido de BAT para importar el producto Glo al país, le recomendaron a Hacienda que antes de definir alícuota denegara el ingreso del producto “por principio precautorio”.
 
El diputado nacional por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Daniel Filmus, autor de la Ley Nacional de Control de Tabaco 26.687, y de un reciente proyecto de modificación de ley para la prohibición de forma completa del marketing de tabaco (que se suma a la veintena de proyectos sobre esta temática que hay en Diputados y a los 29 que existen en el Senado con estado parlamentario), afirmó que la propuesta regulatoria apunta a proteger a la población de los nuevos productos asociados al tabaco, que han aparecido en el mercado en los últimos años, aunque reconoció que por el momento, el principal problema para avanzar con estos proyectos es que “hay un Congreso que no funciona: este año hubo dos sesiones ordinarias y el año pasado otras dos”, concluyó.




Fuente: (Fuente: Vanina Lombardi| Agencia TSS- UNSAM)

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