sábado, 20 de julio de 2019 |Hora: : :

Universidad Nacional de Rosario


Una historia de esfuerzo y superación

Fecha Publicación: 02/07/2019  11:00 

Wenceslao Moreno obtuvo el título de médico a pesar de la parálisis cerebral que sufrió durante el nacimiento: A base de esfuerzo, dedicación, trabajo y optimismo, este flamante egresado de la UNR logró alcanzar su sueño 
 
 
Wenceslao Moreno se recibió en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario a mediados de mayo de este año. Al momento de nacer tuvo una falta de oxígeno en el canal de parto que le provocó una parálisis cerebral, que le dejó secuelas en el aparato motor. Muchas veces dijeron que no iba a lograrlo, sin embargo, superó todas las expectativas.
 
“Wenchy”, como le dicen los amigos, nació en Mar Del Plata hace 23 años. A priori los pronósticos eran malos porque no se sabía cuál era el grado de secuelas que iba a acarrear dicha parálisis, lo que llevó a mucho tiempo de rehabilitación y esfuerzo. “Fui a médicos, kinesiólogos, fonoaudiólogos, psicólogos. También tuve un acompañante en la escuela porque tenía problemas en la motricidad fina y me costaba escribir. Probamos muchas variantes para que pueda adaptarme mejor, como por ejemplo agrandar el banco para el apoyo de los brazos”, comenta el flamante médico.
 
Desde que tiene recuerdos, trabajó con el objetivo de poder ir independizándose cada vez más. Esa labor constante le permitió afinar movimientos y controlarlos, y se sometió a algunas intervenciones como por ejemplo una operación de cadera para poder caminar mejor. “Fueron momentos duros, no lo voy a negar. Muchos de los recuerdos que tengo de aquella época son parciales porque es como que mi cerebro en parte los bloqueó”.
 
Wenchy es un todo terreno: además de ser un enamorado de la medicina, tiene pasión por las artes marciales y el deporte. Con sólo once años, abandonó su Mar Del Plata natal junto a su familia, y llegó a Rosario a causa de un traslado del trabajo de su padre. Si bien, luego de seis años este regresó a “La Felíz”, Wenceslao se quedó a vivir con su mamá y sus hermanas en nuestra ciudad. Durante el recorrido por la educación secundaria, cosechó muchos amigos, y fue en esa época en donde comenzó a incursionar en el mundo de las artes marciales: hizo del taekwondo su disciplina principal, pero también practicó aikido, kick boxing y jiu-jitsu.
 
La educación pública, una experiencia transformadora
 
Al principio quería ser biólogo, pero cambió de parecer luego de que un amigo de la escuela le comentó que quería estudiar medicina. “La hermana de mi amigo ya estaba avanzada en la carrera y veíamos que estudiaba mucho. Eso me generó curiosidad, busqué en internet sobre medicina y me encantó, la complejidad me generaba un verdadero desafío. Fue un entorno en el cual estuve toda mi vida porque viví rodeado por médicos”.
 
Desde el vamos, tuvo como objetivo ir a la Universidad Pública ya que conocía que el nivel de contenidos y preparación eran muy buenos. Su madre dudó ya que temía que no se pueda adaptar, y pensó que en una institución privada a lo mejor le darían un mayor seguimiento individual. Sin embargo, el deseo de Wenchy triunfó: “Quería ir a la pública y se me dió porque era una experiencia por la que creo que se tiene que pasar. Es una forma de curtirse y te prepara para los retos futuros de la vida. Te enseña a ingeniártelas cuando falta algo y ayuda a estar preparado”.
 
Como todos los que alguna vez incursionaron por alguna carrera universitaria, tuvo que dedicarle mucho tiempo al estudio. A base de perseverancia y desafío constante, no sólo por las horas de estudio sino también por todo lo que hay que dejar de hacer, logró su sueño de recibirse de Médico. “Yo el primer día me puse como meta ser médico y aunque costó, nunca bajé los brazos. Al principio el tema fue que no podía escribir y ya no tenía más la directora o docente que se fijaba si necesitaba algo. Me encontré prácticamente solo y me costó bastante ese cambio, hasta que descubrí que los contenidos de clases estaban íntegramente en los libros. Por ende leía y subrayaba mucho, y confié que esa debía ser mi mecánica de estudio”.
 
Otra cosa que ayudó a Wenceslao a recorrer los años de cursado fue el apoyo constante de amigos que se fue haciendo. Hablaba con ellos de los temas, intercambiaba lecturas e ideas con el afán de afianzar todos los contenidos. “En primero empecé con mi amigo de la secundaria, lo que fue una ventaja porque estaba con alguien que conocía. Luego con el cursado he hecho muchos amigos que estuvieron a mi lado siempre apoyándome en lo que necesitaba”.
 
Una gran duda que aparecía en el horizonte era cómo iba hacer en el momento de atender a los pacientes, porque no era algo que dependía sólo de él, sino que estaba involucrado un tercero. Todos los días tenía que incorporar maniobras nuevas, las cuales tenía que evaluar si podía o no podía realizar, y si la razón por la que no podía era una limitación o falta de práctica. “Al principio me costaba, pero poco a poco fue saliendo más natural y hoy puedo hacer el 90 por ciento de todas las maniobras de cualquier médico en un consultorio, lo cual para mí es un logro porque sé que el otro diez por ciento se compensa con otra cosa, como por ejemplo estudios por imágenes o las interconsultas”.
 
Entre el amor y los libros
 
En el último tramo de la carrera apareció uno de los pilares fundamentales: su novia, Diana Zapata. Ella es dos años más chica, por lo que la conoció en la biblioteca de la Facultad a través del mismo amigo con el que empezó la carrera. “Ella estaba preparando un parcial y mi amigo le dijo que yo le podía ayudar porque había rendido esa materia hace poco. Ahí le dejé mi número de teléfono por si tenía alguna otra duda, y al día siguiente me escribió para ver si podía ayudarla nuevamente”.
 
Por ese entonces Wenchy hacía atletismo en el Estadio Municipal y atravesó media ciudad sólo para poder reunirse media hora ya que tenía que volver a los entrenamientos. “No me importó, estaba convencido. Después comenzamos a hablar seguido por celular y empezamos a salir. Fue muy importante porque siempre me apoyó y acompañó en este camino”.
 
Nada es imposible para quien se lo propone
 
Wenceslao rindió su última materia a mediados de mayo, instante en el cual muchas emociones jugaron juntas a la vez. Arrancó a estudiarla en enero con un amigo y terminaron siendo una especie de clases particulares. También contó con la ayuda de su novia para poder seguir trabajando la parte oral y ordenar los temas ya que eran muchos contenidos. “Terminé de rendir el oral y cuando el docente me dijo que ya había terminado el examen, al principio no caí. Luego se me cayó una lágrima y al salir, estaba toda mi familia, junto con mis amigos del secundario y de la facultad, lo que desencadenó risas, llantos, una larga lluvia de huevos y harina, e incluso hasta me pelaron en modo de festejo”.
 
Uno de los anhelos que tuvo ni bien empezado el cursado, era poder demostrar que sí se pueden cumplir los sueños y que un diagnóstico no es definitivo para constituirse como persona. “Me han dicho en distintos momentos de la vida que no iba a poder lograrlo, y sin embargo gracias a la fuerza de los que me quieren y todo es esfuerzo propio, pude hacerlo”.
 
Muchas personas se han acercado a contarle historias parecidas a la suya o padres que le han presentado a sus hijos para que él pudiera hablarles para animarlos. “No sólo me ayuda el hecho de haber pasado por todo lo que pasé sino que también los comprendo. O sea en estos casos no quedan sólo en un diagnóstico o tratamiento, sino en saber qué está pasando en la cabeza de la otra persona. Es una patología muy dinámica, no a todos les afecta de la misma manera, sin embargo siempre tiene que estar presente la rehabilitación temprana, el acompañamiento familiar y las ganas de salir adelante”.
 
A pesar de su excelente sentido del humor, a Wenchy le ha pasado que por tener una discapacidad lo tratan como si no entendiera o tuviera iniciativa propia, lo cual produce otra forma más de discriminación. “Muchas veces me hablan a mí y no a él porque piensan que no entiende. Y por más que uno lo aclare sigue pasando. El por suerte lo tiene superado porque se toma todo con una cuota de humor, pero a una persona que todavía no, le afecta muchísimo. Por eso hay que tener mucho cuidado en estos casos”, opinó Diana.
 
¿Sigue habiendo sueños en el horizonte de Wenceslao? Claro que sí, su próxima meta es formarse en el área de la neuropsiquiatría. “Es un campo en donde no hay tanto trabajado como en otros, y eso me llama la atención por el hecho de hacer algo más puntual en lo que pueda volcar mi experiencia, lo que me parece un hermoso desafío. Si bien el campo de inserción es amplio, me gustaría focalizar en lo infantil. Quiero ayudar a personas que están en la actualidad en el lugar donde un día estuve, porque a mí me ayudaron y creo que es mi deber devolverlo”.




Fuente: (Gonzalo García - Universidad Nacional de Rosario)

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