martes, 18 de septiembre de 2018 |Hora: : :

Opinión


Inseguros por los de saco y corbata

Fecha Publicación: 18/09/2018  09:00 

Nota de opinión de Jorge Luis Jofré, Director de la Diplomatura en Seguridad Ciudadana de la Universidad Blas Pascal
 
 
Durante años, los gobiernos y algunos grupos dominantes se esforzaban en identificar como causantes de la inseguridad a determinado tipo de delitos y a determinado tipo de sujetos, destinando millonarios recursos a su control con más policías, mas patrulleros y más armamento. ¿Durante cuánto tiempo más pagaremos estos “errores” de perspectiva?
 
Por estos días, el reflejo de la realidad argentina, parece desdibujarse en una pornográfica dispersión de sombras funestas.
 
Las últimas páginas de los diarios destinadas a policiales, rebalsan de tinta describiendo hechos de sangre, violaciones de menores, y robos a granel, donde la única "vacuna" que se presenta para conjurar la sensación de inseguridad son pomposos actos, mostrando mas policías, nuevos patrulleros, armas, chalecos y hasta el poder de fuego de las FFAA puestos a disposición de la seguridad perdida.
 
Y por otro lado, en las primeras páginas de esos diarios, se revelan, en una cantidad inusitada, hombres de traje y corbata con lustrosos zapatos, entrando a tribunales penales, y de allí sin escalas hacia centros de detención carcelarios, en noticias que no dejan de ser tan "policiales" como las anteriores, pero con algunas diferencias de “marquesina” mediática. 
 
Pero atención, la diferencia de trato, como para ser relatados en esas primeras páginas no se debe a la indumentaria o a la fama de sus diseñadores (no hay que ser mal pensados, los delincuentes de saco, corbata y lustrosos zapatos no tienen por qué ser tratados de manera diferente), sino por ser sospechados de participar en hechos de corrupción que, nadie puede dudarlo, están en el origen tanto del expolio a las arcas del tesoro nacional, como del empobrecimiento de más del 80% de los argentinos. 
 
La nota tragicómica, podría observarse en un solo gran cambio, y que radica en la confesión y arrepentimiento ante un “Comodoro Py”, en un procaz arrebato de las potestades del cura del barrio, otrora único experto en confesiones y admisiones de arrepentimientos. No sería de extrañar que en este desconcertante desfile, la iglesia denunciara a la justicia por el ejercicio ilegal de la “gestión de arrepentimientos” antes de que a alguien se le ocurriera renombrar el juzgado del Dr. Bonadío con el nombre de “Confesionario Nacional Nº11”.
 
Pero no,... No estamos para chistes... De una vez por todas, empezamos a reconocer esta dimensión patética de la inseguridad que va más allá de los hechos de sangre, de los hechos aberrantes de la criminalidad urbana... Esta criminalidad de los poderosos es también generadora del peor de los miedos, de la peor de las inseguridades. Porque la consecuencia es lisa y llanamente el derrumbe de las instituciones, la caída de las inversiones, la caída del trabajo y del salario, y con ello más pobreza, que obviamente y una vez más, caerá sobre las grandes mayorías, y como directa consecuencia de lo que habría sido la connivencia delictiva de poderosos, de las élites gobernantes y las empresas.
 
¿Cómo negar a estas realidades el carácter de noticias expansivas de la sensación de (in)seguridad? Como negar que con todo lo que está pasando, la Argentina es un país esencialmente inseguro, sea para invertir, para trabajar, para vacacionar, sea para caminar por la calle. Ante esto, ¿que resta por hacer? Si atendemos y replicamos a la lógica recurrente de más policías y más patrulleros cercando barriadas vulnerables a la tentación de apelar al delito como forma de acceder a distintos bienes, quizá baste con  analizar donde viven los empresarios corruptos, los funcionarios del ejecutivo corruptos, los funcionarios judiciales corruptos  y demás actores de la criminalidad de guante blanco, y en virtud del nivel de daño al país, es ahí donde deberíamos reconocer una nueva frontera y solicitar la colaboración de las FFAA para  que desplieguen sus habilidades "disuasivas",  sobre todo, aprovechando la ventaja de que incluso en muchas de las “barriadas” donde habitan estas personas, ya tienen un cerco colocado y la frontera es notoriamente más  tangible que la del norte argentino.
 
Bueno, dijimos que no estamos para chistes, así que continúo. Está claro que lamentablemente nuestro Estado, gobierno tras gobierno, ha errado en su tratamiento de la (in)seguridad.  La fórmula de más policías, más poder de fuego, penas más duras, no funcionó hasta ahora ni para los delitos que aparecen en las últimas hojas, y mucho menos para los delitos que aparecen en la primeras hojas de los diarios. Por el contrario, el modelo de abordaje de la Seguridad Ciudadana, que desde los organismos internacionales viene propiciándose, con sobradas experiencias internacionales exitosas,  impone una matriz metodológica que integra estrategias que abordan en primer lugar mecanismos de fortalecimiento del capital social –vital para reforzar los valores que cercan  a la corrupción entre otros actos delictivos-, atención a factores de riesgo, abordaje de la violencia a nivel intrafamiliar, de género y vecinal, y medidas de impacto urbanístico que inciden  en  las posibilidades de acometimiento delictivo, todo esto con un  objetivo evidentemente preventivo estableciendo bases para que desde el presente se comience a diseñar un futuro que permita a nuestros hijos disfrutar lo que hoy se nos niega. 
 
Pero también esta matriz impone, analizar críticamente y discutir los modelos de persecución penal que desde los inicios de nuestro Estado, han replicado hasta el paroxismo, perspectivas y acciones  que evidentemente han fracasado. Pero también, desde la Seguridad ciudadana se disponen modelos que atienden a la contingencia y a la emergencia del ahora,  presentando medidas que disminuyan la vulnerabilidad de las personas y desintegren  las amenazas que se identifiquen. Tal vez la sensación de que más inseguros no podemos estar, permita que de una vez por todas comencemos a exigir  como ciudadanos responsables, la seguridad que la democracia puede aportarnos pero que a esta altura y espero  equivocarme, los que deciden, por algunas evidentes razones no han querido brindarnos.




Fuente: (Jorge Luis Jofré- Universidad Blas Pascal)

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