lunes, 31 de octubre de 2016 |Hora: : :

Universidad Austral


¿Celulares dentro o fuera del aula?

Fecha Publicación: 31/10/2016  09:00 

Francisco Albarello, docente investigador de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral, aporta su visión a un debate presente en las aulas a través de la siguiente columna
 
Conviene que los docentes acepten que no se puede pelear contra una realidad que está instalada en las mentes y los hábitos de los jóvenes. Las tecnologías moldean nuestra forma de percibir la realidad y el modo en el que accedemos, producimos y compartimos información.
 
Concebir este fenómeno como algo contra lo que hay que combatir demuestra la incapacidad de asumir las nuevas competencias y habilidades que los usuarios desarrollan en torno a estas tecnologías; y pone en evidencia prácticas de enseñanza retrógradas que siguen apelando siempre a lo mismo: los libros como único dispositivo de enseñanza y la clase magistral, lineal y unidireccional como discurso hegemónico en el aula. Incluso incorporando otros recursos como películas y videos, se puede seguir siendo tan tradicional como aquel que solamente usa una pizarra.
 
Sin embargo, no hay que pensar que el uso de tecnología en el aula asegura que las clases sean buenas y divertidas. Las tecnologías deben estar al servicio de la clase, supeditadas a los temas y objetivos que persigue el profesor. Por ejemplo, si el problema es que los alumnos no se involucran
 
Incorporando otros recursos como películas y videos, se puede seguir siendo tan tradicional como aquel que solo usa una pizarra con un tema de actualidad durante una clase de periodismo, ¿por qué no utilizar los tan demonizados smartphones para que busquen información durante la clase, la comparen con sus compañeros y establezcan debates sobre la construcción de la realidad que hacen los medios?
 
Si el problema es que los chicos se la pasan sacándose selfies, ¿por qué no aprovechar las cámaras de los celulares para documentar hechos cotidianos y discutir sobre los modos de representación de la imagen? Si nuestro drama es Whats- App, ¿por qué no proponer escrituras colaborativas de formato breve en torno a un hecho noticioso? Es más fácil echarle la culpa a las tecnologías y a los "malos hábitos" de los jóvenes que revisarlas propias prácticas de enseñanza.
 
Es llamativo que, en el fondo, estemos ante un problema de comunicación: quién le dice qué a quién. Si queremos promover aprendizajes significativos debemos plantearnos primero quiénes somos, desde qué lugar hablamos, cuáles son los temas que consideramos importantes y qué medios vamos a poner para que esos temas sean relevantes para aquellos a quienes les estamos hablando. Tenemos que reconocer verdaderamente a quiénes tenemos en frente. Si nos seguimos manejando con los supuestos de alumnos ideales que escuchan atentamente de principio a fin nuestras clases "sin que vuele una mosca", o incluso que vean con nuestra misma devoción una película que a nosotros nos parece fantástica, corremos el riesgo de seguir hablándole a la pared.
 
El problema no son los celulares ni las redes sociales, sino cómo conquistar el interés, esquivo e intermitente, de jóvenes que tienen otras formas de mirar el mundo.




Fuente: (Universidad Austral)

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